no sé cómo empezó la cuenta atrás que lleva de un beso hasta el final, no sé dónde nos llevarán las piedras del camino, no sé desde cuándo tú recorres uno y yo otro, quizá desde hace ya demasiado como para que volvamos a encontrarnos entre tanta maleza. No sé en que encrucijada dejamos de luchar. como nos recuerda ismael, antes de rendirnos fuimos eternos, y es cierto que lo fuimos. Tú y yo lo fuimos. Quizá por eso a veces tu cara se me aparece tras los cristales de las cafeterías que comparto con otras personas, o creo adivinar la curva de tu espalda en la de la mujer que descansa en mi cama, aunque sólo contigo era yo el que dormía en la parte húmeda del colchón después de hacer el amor. Todavía nos encontramos a veces, pero bien sabe el tiempo que ya no es lo mismo. Yo creo que nunca podré dejar de amarte, porque ¿acaso deja de amarse alguna vez a quien se ha amado? Pero ya nada es lo que era, y por eso quería hablarte del perdón. Las explicaciones, las palabras, los innecesarios datos siempre sobran. Dos personas que no se entienden con una mirada, con un suspiro, con un eterno latido del corazón, jamás entenderán siglos de justificaciones. Sólo quería decirte que siempre estaré a tu lado, que siempre mi sombra estará detrás de ti, para empujarte a dar este paso y el siguiente, nunca para evitarte la caída. Esas caídas nos han hecho crecer, y han llenado nuestra mochila de recuerdos que miramos con nostalgia las tardes grises, pero con saudade las mañanas en que el sol vence al invierno. No sé porque quería escribirte esta innecesaria carta, quizá porque necesitaba hacerlo. Quizá estas hayan sido las líneas más difíciles que jamás he escrito, pero también fueron las más fáciles pues salieron desde lo profundo. Desde donde no acertamos a mirarnos sin vértigo. Ese vértigo que aterra pero seduce.
lunes, 11 de febrero de 2008
del perdón
no sé cómo empezó la cuenta atrás que lleva de un beso hasta el final, no sé dónde nos llevarán las piedras del camino, no sé desde cuándo tú recorres uno y yo otro, quizá desde hace ya demasiado como para que volvamos a encontrarnos entre tanta maleza. No sé en que encrucijada dejamos de luchar. como nos recuerda ismael, antes de rendirnos fuimos eternos, y es cierto que lo fuimos. Tú y yo lo fuimos. Quizá por eso a veces tu cara se me aparece tras los cristales de las cafeterías que comparto con otras personas, o creo adivinar la curva de tu espalda en la de la mujer que descansa en mi cama, aunque sólo contigo era yo el que dormía en la parte húmeda del colchón después de hacer el amor. Todavía nos encontramos a veces, pero bien sabe el tiempo que ya no es lo mismo. Yo creo que nunca podré dejar de amarte, porque ¿acaso deja de amarse alguna vez a quien se ha amado? Pero ya nada es lo que era, y por eso quería hablarte del perdón. Las explicaciones, las palabras, los innecesarios datos siempre sobran. Dos personas que no se entienden con una mirada, con un suspiro, con un eterno latido del corazón, jamás entenderán siglos de justificaciones. Sólo quería decirte que siempre estaré a tu lado, que siempre mi sombra estará detrás de ti, para empujarte a dar este paso y el siguiente, nunca para evitarte la caída. Esas caídas nos han hecho crecer, y han llenado nuestra mochila de recuerdos que miramos con nostalgia las tardes grises, pero con saudade las mañanas en que el sol vence al invierno. No sé porque quería escribirte esta innecesaria carta, quizá porque necesitaba hacerlo. Quizá estas hayan sido las líneas más difíciles que jamás he escrito, pero también fueron las más fáciles pues salieron desde lo profundo. Desde donde no acertamos a mirarnos sin vértigo. Ese vértigo que aterra pero seduce.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario