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martes, 6 de enero de 2009

30/12/2008 - mate, tabaco y conversación

13:55

Estas serán probablemente las últimas líneas que escriba en este cuaderno de viaje. Y no porque el viaje esté llegando a su fin, ya que quedan aún cinco días en el centro de la pampa argentina, sino porque al igual que Bolivia fue un viaje de introspección, el del norte de Argentina está resultando un crisol de viajeros, experiencias y charlas nocturnas.

Ayer acabamos cuatro viajeros compartiendo un mate, tabaco de liar y charlas, que transitaron desde el Islam hasta la homogeneización cultural. Ahora, en San Luis, el lugar en el mundo de Mario Domenici, me encontraré con Patri y con Jessi, y probablemente los momentos de reflexión solitaria perderán espacio, a la vez que lo gana el de mundos y experiencias compartidas.

Por ello es probable que éstas sean las últimas líneas del viaje.

O no...

29/12/2008 - y se armó un buen truco

11:38

Purmamarca es un pueblo tomado por los viajeros. En sus calles transitan decenas de personas con sus mochilas a la espalda. Juegan al truco en las cafeterías, o comen sentados debajo de cualquier arco. La vida se vive a otro ritmo, el reloj -donde lo hay- está detenido o nadie lo mira. Purmamarca es un pueblito de calles sin adoquinar, rodeado por toda una serie de colinas multicolor. Lo llaman la montaña de los siete colores.


13:18

Demasiado bueno. Tomando un descanso en una cafetería de Purmamarca, poco a poco se fue llenando de viajeros que, viniendo de todas partes y yendo a cualquier parte, empezamos a relatarnos los curriculum nómadas. Entre consejos, recomendaciones e intercambio de experiencias, se armó un truco. Bruno, rosarino; Tomás, porteño; Natalia, cordobesa; y yo, el español, el gallego. Las mesas de alrededor poco a poco también se fueron calentando, y nuevos trucos, algún chinchón o hasta la brisca empezaron a dar un aire de timba al local.

Compartiendo un mate y unas risas, llegó y se fue mi bus. Corriendo por las calles embarradas tuve que ir a detenerlo, y acá dentro estoy ahora, arrepintiéndome un poco de no haberme quedado más tiempo y haber dejado que perdiera el bus.

También ayer tuve un encuentro maravilloso. Conocí en un ciber a Antonio y Estefi, una pareja española que vive actualmente en Buenos Aires. Desde el principio nos estuvimos simpáticos, y decidimos ir a cenar juntos. En el bar un grupo tocaba músicas del norte, y cuando la noche fue pasando y ya la botella de ron tocó la mesa, empezó la verdadera fiesta.

Acabamos en casa de uno de los músicos, compartiendo un damajuana de vino y chupitos de picor de durazno en el tapón de la botella. Resultado: abrazos de amistad y alguna vomitona. También me hubiera gustado quedarme un tiempito más.

Para cerrar el círculo de encuentros memorables, hoy en el bus de Humahuaca a Purmamarca conocí a Mirek, un checo de sesentaycinco años que comenzó su vida nómada al huir del comunismo con diecisiete años. En inglés fuimos compartiendo historias y experiencias, un análisis de la Cuba castrista, y algo más. También me he planteado seguir en el bus hasta Jujuy para continuar la charla.

Tres encuentros, tres historias, tres bellos recuerdos más en la mochila. En los tres me hubiera gustado detenerme más tiempo. Pero como siempre, Ismael sigue navegando.

28/12/2008 - la argentina

12:44 (hora argentina y hora chilena)

Bajo el sol de la Argentina más andina, compruebo que realmente Buenos Aires queda a miles de kilómetros. En Humahuaca, rodeado del verdor de los cactus, el marrón de la quebrada y el azul del cielo, el estallido de color, la calma y el aire puro me reconfortan tras tantas horas de viaje.

Hoy será un día para la calma. Humahuaca invita a pasear y a sentir, con un ritmo que me recuerda a San Pedro de Atacama.

Me gusta estar aquí.


13:55

Sentado en un bar con muchas moscas y poco turista, después de haber comido un plato de más arroz que cordero (que diría Alonso Quijano), sentado delante del medio litro de Norte Blanca (que no la porteña Quilmes Cristal), escribo ya medio borracho estas líneas. Tomando cervecita a gusto, lo suficiente para tomarle el puntillo a una buena siesta, y disfrutar de un día de descanso físico y mental tras el agotador viaje por Bolivia.

lunes, 5 de enero de 2009

27/12/2008 - el cerro "rico" de potosí

08:30

Me he dado cuenta de que cada día escribo menos en este cuaderno y que, al igual, mientras en los primeros cuatro días apenas si leí cincuenta páginas de "Los premios", en los últimos cuatro he devorado las otras trescientas. Era algo esperable: sabía que tarde o temprano me atacaría la honestidad, y el viaje daría un giro introspectivo, hacia dentro.

Hoy he contratado un tour por las minas del cerro Rico. He hecho dos cosas que no quería hacer: participar en un tour de agencia, y hacer turismo de la pobreza y la explotación. Sin embargo, por fortuna (o no) me ha llegado en un momento del viaje en el que puedo hacerlo sin sentirme demasiado deshonesto conmigo mismo.

Sé que lo que voy a ver me va a dejar marcado, pero creo que por eso mismo tengo necesidad de hacerlo.


12:45

Es difícil escribir sobre la que probablemente haya sido una de las experiencias más intensas de mi vida, pero quiero intentarlo, quiero poder volver a este recuerdo no sólo en mi mente, sino en estas líneas que de cualquier manera ya sé que no van a alcanzar.

Creo que jamás hubiera soñado con una experiencia similar, ya que las únicas dos personas de la visita eramos el guía y yo. Willy es además un antiguo trabajador de la mina, cuyos ascendientes han sido siempre mineros, y para él volver a la mina y explicarla es un placer más que un trabajo. Habla del cerro y de los mineros con una humanidad y un respeto que no se pueden suplantar.

Antes de entrar, rezó en quechua al tío, que es el diablo que mora en el mundo bajo la mina, y al cual se le honra cubriéndolo de coca, bañándolo en alcohol y compartiendo con él un cigarro. La mina es húmeda, cálida, y puede ser una trampa mortal para aquel que no la respete. Por eso hay que respetar y honrar al tío, porque aquello que le demos será lo que recibiremos.

Adentrándonos en la mina la oscuridad lo envuelve todo. Vamos a compartir su descanso con Don Gregorio y su hijo Hugo, que en quechua hablan con Willy de las dificultades de los últimos tiempos, de que el cerro se agota, y compartimos el alcohol y la hoja de coca regando a la Pachamama antes de cada trago.

Y es que la Pachamama también puede darnos o negarnos todo. La Madre Tierra es celosa, por eso la mujer del minero no puede entrar en la mina, porque la Pachamama exige fidelidad dentro de sus dominios.

En el cerro Rico no existe el comunitarismo que había pensado. El minero de a pie, el que cada día desciende a las entrañas del cerro jugándose la vida y la salud, es absolutamente solidario con sus compañeros. Pero la mina no pertenece a ellos. La mina pertenece a distintas cooperativas de las que sus socios nunca bajaron a la mina, pues la calidad de socio es hereditaria. Eso, y la reciente bajada del precio de los metales, hace cada vez más difícil la vida del minero. En la actualidad, el minero ha de pagar por los propios materiales que emplea para horadar el cerro: dinamita, agua, comida... Del metal que extrae, retiene para sí el 50% y da al patrón el otro 50%, luego si un mes no encuentra una veta de metal, su sueldo neto es negativo por el gasto en los materiales.

Con una jornada laboral de diez horas en unas condiciones insalubres e infrahumanas, el sueldo medio del minero de prospección es de cien dólares mensuales, y el de los carretilleros apenas de treinta o cuarenta. Un patrón promerdio, con treintaycinco trabajadores a su cargo, gana en torno a los tres mil dólares al mes.

El gobierno boliviano de Evo Morales intentó la nacionalización de la minería, pero al día siguiente de su anuncio se paralizó toda la industria, el comercio, y el transporte en Bolivia. Los patrones, bajo amenazas de despido, obligaron a los mineros y a sus hijos y familiares a manifestarse contra la nacionalización. La prensa, dominada también por los mismos capitales, abrió titulares con la oposición de los propios mineros a la nacionalización. Y así se mueve la mano invisible.


13:27

El viaje dentro de la mina sigue, como seguirá dentro de mí al lado de Julaca, del taxi de Paracas, de la niña de Barranco, de tantas otras cosas...

¿Por qué me siento deshonesto hablando de esto? El otro día lo entendí hablando con Jorge y con Patri en mi casa. Jorge nos contaba algunas de sus experiencias trabajando con los niños de la calle en Santiago. Mientras lo escuchaba no dejaba de pensar cómo podía contar todas esas historias sin sentir que se estaba vistiendo ante nuestros ojos con un halo de santidad. Lo escuchaba contar todas esas historias y sentía que él si lo hacía con honestidad, con sinceridad, y no dejaba de preguntarme por qué yo sería incapaz de hacerlo.

Finalmente lo entendí; él puede contar con total honestidad todo lo que hace porque lo que hace es bueno, es puro. O lo que es lo mismo: sirve para algo. Nada de lo que yo hago sirve absolutamente para nada, al menos para apaciguar algo del dolor que hay a mi alrededor. Lo único que alcanzo a hacer es lamentarme de mi inacción en estas líneas, con este boomerang ontológico destinado solamente a darme por artificio algo más de humanidad. No hago nada en mi vida por mejorar la de aquellos que me rodean.

Pero todo esto va a cambiar en Marzo. Cueste lo que cueste y dañe a quien dañe, a partir de Marzo se acabaron las concesiones y las prórrogas. Ya basta de esta contradicción interna, de este movimiento inmóvil de la mente. Ya basta de tanta mierda.

sábado, 27 de diciembre de 2008

26/12/2008 - el verdadero altiplano

16:28

A más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, me recibe Potosí, con sus callejas coloniales, la sombra de su Cerro Rico, y el más absoluto contraste entre opulencia y miseria dentro de una ciudad.

Tras cuatro horas de un viaje demasiado hermoso entre Sucre y Potosí, encuentro un alojamiento, y a esta intempestiva hora por fin puedo sentarme a almorzar. Fuera, me espera la ciudad que tan bien describiera Galeano como cuna del imperialismo y del capitalismo occidental. Una ciudad que llegó a ser la más poblada del planeta hace cuatro siglos, y que aún hoy sufre las consecuencias del expolio de toda su riqueza natural.

Potosí cometió un crimen: tener en su Cerro Rico una cantidad tal de plata que bastaría para construir un puente desde acá hasta Madrid. De esa condena, sólo quedan los restos que el tiempo o los saqueos no pudieron calcinar: las iglesias, las casas coloniales, los lujosos patios y claustros. En ellos ahora se hacinan quienes aún tratan de extraer algún metal de las entrañas de su cerro, para deleite de las cámaras fotográficas de los turistas.

Ahora voy a tratar de comer algo, y de recuperar un poco del oxígeno que tan escaso resulta en estas alturas.

25/12/2008 - un rinconcito de andalucía

12:37

Día de Navidad. Y yo, estando en Sucre, me siento tremendamente cerca de casa.

Y es que Sucre es lo más parecido que he visto en Latinoamérica a una ciudad o un pueblo de Andalucía. Sus casas están encaladas, justificando su apodo de "la ciudad blanca", y sus tejados son de teja roja. Estando acá me siento como cuando estuve en Arequipa: demasiada belleza para contenerla en una mirada, no mencionemos en una foto.

Si no fuera porque las mujeres y los niños visten y hablan según la tradición quechua, realmente pensaría que tomando un bus de dos horas podría estar en Sevilla, abrazando a los míos.

jueves, 25 de diciembre de 2008

24/12/2008 - plataforma (cochabamba)

10:14

Cochabamba. El que podría ser llamado el destino inicial de mi viaje por Bolivia. Hace años, en Cochabamba se declaró lo que en Bolivia fue llamado "la guerra del agua". Todos los servicios de agua fueron privatizados, dejando fuera del mercado de la higiene y del propio consumo de agua a millares de personas. Esta privatización supuso un escándalo a nivel internacional sobre hasta dónde podía llegar la irracionalidad privatizadora que ha contagiado a los gobiernos del mundo. Esta indignación internacional se tradujo a nivel personal en el deseo inspirado por mi amiga Daratea de llamar a nuestro futuro centro cultural "Plataforma Cochabamba".

Sin embargo, enclavado hoy aquí como desde hace años quise hacer, para nada encuentro aquello que esperaba. Y es que Cochabamba contrasta totalmente con la otra ciudad boliviana que hasta ahora conozco y que me ha cautivado.

La Paz es caótica, desmesurada, encaramada a las lomas de los cerros que la rodean. Una ciudad en la que no hay semáforos, en la que los puestos callejeros han tomado las aceras y las micros han tomado las calles, donde transitar es una odisea llena de color, olores y vida.

Cochabamba es una ciudad más ordenada, espacialmente distribuida por cuadras en un dibujo geométrico casi perfecto. Es una ciudad totalmente llana, con semáforos en cada esquina y aceras adoquinadas por las que se puede transitarse con suma comodidad. Apenas hay ruido, ni del claxon de los autos ni de los voceros de las micros que anuncian su ruta. Además, en esta ciudad donde se declaró la guerra del agua, hoy abundan las plazas públicas coronadas indefectiblemente por una irónica fuente.

Pero Cochabamba, para mí, es mucho más que eso. Para mí es un símbolo, una idea que arde con un fuego sordo del que nadie, ni siquiera la propia Cochabamba, podrá curarme.

Con la misma ropa de hace dos días, habiendo dormido poco y mal en un autobús, con las manos en los bolsillos de un abrigo sucio y el rostro quemado por el sol, paseo por sus calles, y sin embargo estoy paseando por mi idea de Cochabamba. Estoy paseando con Daratea por Plataforma Cochabamba, riéndonos de la ironía de esas fuentes que manan un agua años atrás vetada.


13:24

Me miro en el espejo, y tras tan solo cinco días de viaje ya me cuesta trabajo reconocerme. La cara sucia y quemada, la barba que crece libre y desordenada desde hace un par de semanas, la ropa sucia y grande, ojeras de cansancio y ojos vidriosos por la falta de sueño.

Segundo día consecutivo sin una habitación de hostal en la que tomar una ducha o un descanso de este inclemente sol. Las horas se paladean y se reconocen. Hoy llegué a la estación a las siete de la mañana y asistí a todo el amanecer y despertar de una ciudad, y a cada minuto que pasa a Cochabamba le crece el caos, la confusión y el ruido. Imagino la ciudad como un corazón que late al ritmo de un latido cada 24 horas. La gente y sus vidas son la sangre, que tras el batido al amanecer comienza a fluir por las venas, que son las calles. Conforme la sangre recorre todo el cuerpo, poco a poco se repliega de vuelta hacia el corazón, a la espera del nuevo latido que traerá el próximo amanecer.

Así, hay ciudades jóvenes cuyo corazón late con una fuerza descontrolada, como Barcelona. Existen ciudades adultas, en la plenitud de su existencia, como París. Y ciudades viejas, con el ritmom pausado que le concede la experiencia, como Roma. Aunque Roma se reinventa cada ciertos años o siglos, quizá como los Rolling o Madonna.

Cochabamba es una ciudad joven, quizá la ciudad más prospera de Bolivia, o quizá es que es sólo la menos boliviana que hay junto a Santa Cruz, esa falsa ciudad brasileña a orillas del altiplano.


16:38

Sabía que antes o después iba a acabar sentado en una acera llorando. Sé también que con el tiempo me voy a sentir tremendamente deshonesto habiendo escrito esto, pero sé también que necesito hacerlo.

He sido totalmente injusto con Cochabamba. Ahora, sentado en su plaza, todo el viaje ha cobrado algo de sentido. En el centro de la plaza, un grupo de hombres discute sobre la religión. "Dios vino a salvar al pueblo judío, no a nosotros". "Yo no creo en Satanás. El diablo es el empresario que nos tiene a todos en la pobreza". Intenta defender la religión alguien que vino de fera para encauzar al pueblo y al presidente boliviano. Pero en la plaza no lo expulsan ni lo insultan. Dialogan con él, que no está dicho que salga de Bolivia aún creyente.

En un costado de la plaza, una campaña gubernamental de alimentación navideña para los niños. En mi mismo banco, un niñom y su hermana menor reparten el arroz y el pollo que han conseguido tras una hora de cola. Con la cucharilla de plástico, el hermano rebaña los últimos granos de arroz, que ofrece silenciosamente a su hermana ante la atenta mirada y la caricia de su madre.

Estos niños no lloran, no gritan, no pelean. Y no es poesía, es la constatación de una absoluta verdad. Decía Kapuscinsky que lo más llamativo de los países pobres de verdad es que viven en silencio. Alguien cuyo corazón no alberga esperanza no habla, siquiera se lamenta. Sólo cuando intuyen algún posible cambio, cuando los alimenta la esperanza, hacen oír sus voces.

En Bolivia las mujeres piden sin abrir la boca. Sentadas o tendidas en el suelo en función de las fuerzas que les diera el último bocado alzan la mano y confían en la solidaridad del transeúnte. Curiosamente son los propios bolivianos los que rara vez depositan una moneda.

Son las cinco de la tarde en Bolivia, y deben estar dando las diez en España. Mi familia, con las tres ausencias de mi abuela, de mi hermano y mía, se habrá sentado ya a la mesa. Como siempre, habrán unido las dos mesas del salón repletas de platos, aunque quizá esta vez haya espacio para todo.

Tengo un jodido nudo en el estómago al pensar que también mi madre estará triste en este momento, rezando para que llegue el día 31 y me junte de nuevo con gente conocida, y todo este mundo que estoy redescubriendo en este viaje vuelva un poco a ser escondido en el sueño consciente de la inconsciencia.

¿Qué podemos hacer en el fondo, con todos esos cerros de La Paz o con todas estas familias que hacen cola de forma impecablemente respetuosa a la espera de un plato de arroz y pollo que haga más llevadera la Nochebuena? ¿Qué coño hago yo sintiéndome menos mal por pasarla viajando sucio, cuando las tarjetas en el bolsillo y el pasaporte celosamente guardado en el bolso me recuerdan que no soy de aquí? ¿De qué sirve escribir una vez más estas líneas, derramar una vez más estas lágrimas, leer un libro o ir a un café cultural?

Estoy hasta la polla de este puto boomerang ontológico que no crea sino infelicidad en mi familia, en mis amigos y en el mundo.


18:21

"Io lo so che non sono solo, anche quando sono solo".

No soy tan fuerte como pensaba, quizá o probablemente porque no quiero serlo, porque de vez en cuando exprimirse los ojos como si fueran dos limones limpia el alma.

Gracias. A todos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

23/12/2008 - ya me picó la rueca

08:26

Hoy me despiertan dos españoles hablando a grito pelado en el pasillo del hostal. Al parecer, han descubierto una presa italiana, y a voz en grito intentan averiguar si viaja sola o viaja con su pareja.

Este hecho, aparte de hacer que me levante con las pelotas hinchadas, me hace constatar que los españoles tristemente no cambiamos. Seguimos creyendo que todas las personas tienen ganas de escuchar nuestras estupideces -que incluso las creemos interesantes-; seguimos viajando más pendientes de nosotros mismos y de nuestra satisfacción personal que de abrirnos al otro, a lo otro; y sobre todo seguimos creyendo, como en las películas de Alfredo Landa de los años setenta, que si gritamos los extranjeros nos entenderán perfectamente.

"¿Vienes en pareja?" "Non capisco" "Que si la persona que viene contigo es tu pareja" "Pareja? Cosa significa pareja?" "Pareja. PA-RE-JA" "Se siamo insieme?" "No. Pareja" "Una coppia?" "No no, PAREJA". En fin, y así vamos por el mundo sintiéndonos hispanocéntricos...

Eso trataba ayer de explicarles a Josune y Olga. Por eso me es tan difícil acercarme a alguien cuando estoy viajando, porque sé la actitud o la intención con la que se acercan muchos de mis "compatriotas". Sin embargo, ayer afortunadamente me acerqué a ellas, en un encuentro que fue totalmente estimulante, y que intentaré resumir en estas líneas.

Ayer, tras aparecer en el Etno, donde la prometida "Noche de las hojas sagradas" quedó en mi propia lectura a media luz de Los Premios de Cortázar, tomamos un licor de coca y nos fuimos a casa, pues los tres estábamos bastante agotados.

Sin embargo, camino del hostal, escuchamos una música folklórica que salía de un bar subterráneo. Mi frase no se hizo esperar: "esto se merece una cerveza". Bajamos al local y allá había una fiesta boliviana donde todos bailaban con todos, y unos amigos bolivianos nos invitaron a sentarnos a su mesa. Nos enteramos de que estaban celebrando la graduación de la hija de uno de ellos, y para festejarlo habían decidido hacer la noche eterna y beber hasta dormirse sobre la mesa o en el hombro de algún compañero. Entre peleas, bailes frenéticos, brindis a media luz y muchas risas, pasamos la que desde ya sé que será una de las mejores noches de este viaje.

Me despedí de Olga y Josune con un hasta pronto que sonaba a hasta siempre, pero con una sonrisa y muchos recuerdos en el corazón.


16:44

Hoy he tenido mi primer momento de aburrimiento. O quizá, más que de aburrimiento, de desubicación. Y es que no es nada fácil estar en una ciudad cuando ya no tenemos en ella siquiera una habitación de hostal a la que poder regresar para tomar un reposo o simplemente ir al baño.

En esos dóas en que vamos a abandonar por la noche la ciudad en que estamos, somos unos habitantes de la ciudad sin rumbo ni destino, perdido cualquier referente a algo parecido a un hogar. Haciendo la siesta en una plaza me he quemado totalmente la cara, y tras ese sol ha vuelto a llegar una lluvia torrencial que me ha dejado hecho una sopa antes de encontrar una cafetería en la que poder escribir estas líneas.

Pero esto es también parte de viajar en estas condiciones. Hoy intentaré dormir en el bus que me lleva a Cochabamba, donde si es posible tomaré un nuevo bus mañana mismo por la noche, para pasar la Nochebuena viajando doce horas rumbo a Sucre. Cuando el día de Navidad duerma en un hostal y pueda volver a tomar una ducha, todo recomenzará.

Madre mía cómo me he quemado la cara...


19:07

Sentado enfrente del teatro en el que dentro de media hora asistiré a un concierto de música andina, observo a dos jóvenes que mecánicamente ensayan cómo pasarse los bolos para hacer malabares. Su aún rudimentaria técnica me recuerda que yo nunca he sido capaz de dedicarme de forma contínua a nada. Deportes, hobbies, aficiones que requieren de una cierta continuidad y especialización me son totalmente ajenos.

Muchas veces, al asistir a un espectáculo de danza, o a la simple labor de un artesano, olvidamos completamente la incalculable cantidad de horas que hay detrás de su trabajo. Quizá el mayor ejemplo sean los deportistas, repitiendo hasta la extenuación unos mecánicos gestos (la salida en una carrera, golpear una pelotita de golf) para ganar una milésima al reloj o un centímetro a la tabla de batida.

Esa realidad, ese sacrificio de la bailarina de ballet o del artista circense me son totalmente ajenos. Por eso nunca llegaré a ser bueno en nada, si acaso correcto en un par de cosas que la naturaleza me concedió de forma innata. Y quizá lo más terrible es que no me siento culpable por ello.


19:19

Acabo de tener conciencia de que es probable que, tras un par de horas, no vuelva a pisar en mi vida las calles de La Paz. Toda esta gente que ahora viaja en micro, o espera junto a mí en la puerta del teatro, seguirá acá mañana y probablemente dentro de veinte años.

No sé qué pensar de todo esto.

martes, 23 de diciembre de 2008

22/12/2008 - la paz

8:06 (hora boliviana, 9:06 hora chilena)

La puna. El soroche. El mal de altura. Puede llamarse como se quiera, la cosa es que ayer me mató. Pero voy a intentar empezar desde el principio.

Ayer 21 me levanté lleno de energías y con ganas de empezar la aventura boliviana. Subí al bus y todo iba demasiado bien al principio: el asiento que había reservado disponía de las mejores vistas, y pude disfrutar todo el viaje por el parque nacional del Lauca.

Todo andaba perfecto hasta que al llegar a la frontera sentí que empezaba a desfallecer. Me desmayé dentro del bus, en mi asiento, y comencé a traspirar y a sentir que la cabeza me iba a estallar. Sin decir nada a nadie, cuando me recuperé de mi desmayo, bajé a comprar algo de beber y algo de comer, pero la cabeza parecía que iba a estallar.

Volvimos al bus, a continuar con un viaje de un total de 12 horas. Yo, medio muerto en mi asiento, intentaba dar alguna cabezada que hiciera menos evidente el malestar que sentía, pero de vez en cuando abría los ojos para ver cómo se extendía ante mí el altiplano boliviano.

Las primeras impresiones son que en Bolivia realmente el tiempo se ha detenido. Se sigue arando la tierra con bueyes o incluso vacas, las mujeres visten el vestido típico ue impusieran hace cinco siglos los conquistadores españoles para "marcarlas, y ahora esa discriminación se ha convertido en símbolo de la identidad indígena.

Tras casi 11 horas de viaje, avistamos La Paz. La Paz es una ciudad definitivamente loca. Construida literalmente dentro de un hoyo rodeada de montañas, ni siquiera el casco histórico se libra de las cuestas y recovecos en que se mueven sus habitantes. Sin embargo, la ciudad ha crecido tanto que en las lomas de los cerros que la rodean no dejar de surgir nuevas casas, donde la gente se hacina.

Pero espero ratificar hoy mis impresiones y poder compartirlas más en profundidad.


8:59

Sentado en la que probablemente sea la catedral de La Paz, me siento un verdadero intruso con mi cámara fotográfic. En los mayores templos de Roma, donde estaba terminantemente prohibido (y había incluso vigilantes para evitarlo) tomar fotografías, me gustaba sacar la cámara y disparar alguna foto a hurtadillas. Acá, donde nadie me censuraría porque están todos rezando con la cabeza entre las manos, soy yo el que prefiere no faltarles al respeto interrumpiendo sus plegarias con mi occidentalismo.

Lo irónico de todo esto es que en estos paises, que hoy son la mayor fuente de creyentes para la iglesia católica (Chile, Bolivia, Perú, Brasil), es donde ancestralmente ni siquiera se había oído hablar de ese tal Jesús. Qué profunda debió ser la herida que dejamos sobre sus tradicionales creencias, qué dura la represión y el castigo, qué fuerte la colonización educativa y religiosa para que sean estas tierras la actual cuna del catolicismo. Y mientras las enfermedades y el sistema económico que les trajimos los matan, la religión que les impusimos les vende una salvación que no existe.

Empieza la misa, decenas de almas cantan y oran. Es la hora de marcharme.


12:17

Vuelvo a estar sentado escribiendo en el interior de una iglesia. Pero no porque este viaje esté despertándome una vocación religiosa, sino porque es un buen refugio contra la lluvia. Y es que La Paz no es una ciudad loca sólo en sus contrastes, en su ubicación o en su perpetuo ritmo. También el clima está loco acá, y el inclemente sol del altiplano se mezcla con estos truenos que retumban en el interior del solitario templo. Huele a lluvia, a tierra y a cemento, como si la bóveda se estuviera reblandeciendo y amenazara con volcar sobre mí todo su histórico peso. Creo que ha llegado de nuevo la hora de salir.


18:07

Sentado tomando un mate de coca en un lugar al que de nuevo no pertenezco, pero dentro del cual me siento por fin bien.

Poco a poco conozco más La Paz, o al menos el cansancio de mis piernas así lo cree, y cada vez me doy más cuenta de lo similar que es a Santiago, casi a cada otra gran ciudad latinoamericana: una ciudad fragmentada en dos, económica y geográficamente.

Si en Santiago esta dicotomía la marca la Plaza Italia, separando la ciudad en el barrio alto al Este y el Santiago popular al Oeste, a La Paz la plaza cartesiana es la del Estudiante, dividiendo la ciudad en un sur rico y residencial, y un norte pobre y caótico.

La verdad es que no sé muy bien que pensar acerca de La Paz, y acerca del mundo por extensión. Cada vez se me plantea más difusa la frontera entre dos palabras tan similares pero tan contradictorias: pobreza y progreso. Me resulta incluso difícil tratar de explicar esta confusión. Prefiero alimentarme de impresiones y cuando tenga una idea concreta, materializarla por acá.

Ahora, déjenme seguir disfrutando de mi mate.


20:33

Etno Bar. En la puerta se promete un café cultural, una noche literaria abierta con jóvenes autores bolivianos leyendo sus poesías o los textos que le inspiraron. Veamos qué sale de acá.

Antes de esto, tras mi mate de coca, he tenido un encuentro de lo más estimulante. Callejeando de camino a un concierto de música andina, encontré una casa museo, que al acercarme descubriría que se trataba del Museo Arqueológico. Al entrar para verlo, vi a dos muchachas que se hacían fotos. No sé que extraña intuición me llevó a hablarles, pues en estos viajes siempre suelo mantener las distancias con los demás turistas, para no molestarlos y porque en el fondo soy más tímido de lo que me gustaría admitir. Pero esta vez tuve una extraña intuición. Quizá fuera su forma de moverse, sus gestos, o incluso su vestimenta (y es que en el fondo la impresión de lo material, de lo explícito, a veces es muy fuerte), pero realmente me aventuré a preguntarles (aunque el acento ya había facilitado mi trabajo) si eran españolas. Y sí, Josune y Olga son de Navarra.

Pero puesto que he quedado en juntarme con ellas hoy en este Etno bar que nos promete "La noche de la hoja sagrada", aprovecharé para hablar del otro compañero de viaje que he conocido hasta ahora.

Su nombre es Pedro, un chileno de 19 años que viajaba a Bolivia para encontrarse con un amigo e irse juntos a vivir dos meses en las comunidades chileno brasileiras que cultivan y consumen la ayahuasca en la Amazonía. Lo curioso es que este tal Pedro estaba ya bastante afectado por este duro alucinógeno, que aseguraba haber tomardo diez veces en su todavía corta vida. Sus respuestas eran demasiado lentas, y su capacidad de atención y de retención estaban bastante debilitadas. Pero feliz viajaba el hombre con sus rastas, su peto vaquero y su gorro de colores.

Olga y Josune sin embargo trabajan en Sucre, haciendo voluntariado sin ser remuneradas siquiera con un solo peso. Dos modos de vida que se intentan vivir de forma alternativa, apartándose un poco de las recetas dadas, de esos mundos construidos a medida. Sin embargo, una la juzgo socialmente responsable y la otra me parece tan censurable como la del mayor empresario. Pero ¿quién soy yo para juzgar unas vidas que apenas alcanzo a rozar con la punta de los dedos?

sábado, 20 de diciembre de 2008

20/12/2008 - el viaje se reinventa a sí mismo

11:56

Paso fronterizo Chile-Perú. Primer día, primer cambio de planes. Dos años después vuelvo a Perú.

Entre Arica y Tacna hay apenas 50 kilómetros. Este trozo de tierra , un árido desierto recorrido sólo por el abandono y la desilusión, es foco de conflicto entre tres países: una Bolivia que reclama su derecho de acceso al mar, un Perú que exige sus derechos históricos, ya que esta tierra fue tradicionalmente "suya", y un Chile que supo imponer la implacable ley del más fuerte.

Sin embargo, estando acá, comprendo que esta disputa se celebra sólo en el ámbito político. No digo que alguna discusión vespertina no haga restallar los aceros en algún rincón o algún local de las fronterizas ciudades de Arica o Tacna. Digo que en sus calles se respira y vive el más puro mestizaje que pueda esperarse.

Si bien la brecha formal intenta mantenerse, y por ejemplo cada ciudad publica sus precios en la moneda nacional, nunca falta algún comerciante más que dispuesto a aceptar los pesos, los soles, o hasta los bolivianos que sus multiculturales clientes le ofrecen.


12:14

De las treinta personas que viajan en el bus, la única que causa problemas en la aduana soy yo, español con su flamante pasaporte de europeo. Como escuché en alguna película, aquí el negro soy yo.

Pero no era de esto que quería yo hablar ahora.

Al subir al bus, un bus de trabajadores y desempleados de rostros y piel quemada, una chica no sabría decir si chilena, peruana o boliviana, sube al bus para cantar un par de villancicos y pedir a su nada opulento público cualquier voluntaria contribución. Lo sorprendente no es que la muchacha no cantara nada bien, o que pidiera en un bus donde el más pudiente sería considerado pobre sin paliativos en cualquier ciudad europea. Lo sorprendente es que algunas personas realmente le ofrecían una colaboración. Cada uno en las respectivas medidas de sus posibilidades: treinta pesos, cincuenta pesos (seis céntimos de euro). Mi compañero de asiento, un chileno de nombre Humberto que ha tenido una infinita paciencia con mis torpezas de turista, le ofrece temblorosamente cien pesos. En sus pies, lleva unas sandalias marca Adibas (el intercambio de consonantes no es una errata).

Me gustan estas tierras, porque la gente comparte sus miserias, con una solidaridad honesta de la que tanto tendríamos que aprender.


12:55 (hora peruana, 14:55 hora chilena)

Acabo de pasar al blog las primeras notas que de pie, viajando en bus, o sentado en algún bar, he ido garabateando en este cuaderno de viaje. Lo primero que me ha llamado la atención es que cambio totalmente mi forma de redactar cuando lo hago para el blog de cuando lo hago escrito en papel. Un par de veces he tenido la tentación de "enriquecer" los textos, o matizarlos, o añadirles los nuevos descubrimientos que he hecho a posteriori. Pero al final he decidido trascribirlo tal cual, sin variar siquiera una coma. No sé muy bien por qué. Pero sé que así será hasta el final el viaje.

Antes de sentarme a escribir en el blog he llamado por teléfopno a mis amigos de España. Quería hablar con mi amigo Alberto para decirle que dos años después he vuelto al Perú. Me apetecía comer en un chifa y volver a pisar esta tierra que tan desigualmente me recibió y la recibí.

Pero luego hablo más de ello, que me acaban de traer mi arroz chaufan.


18:43 (hora chilena)

De vuelta a Chile. Tomando una chela viendo la final del torneo clausura del fútbol chileno. Colo-Colo, el equipo nacional, el equipo de todos aquellos que no tienen equipo, y el equipo de todo apasionado del fútbol chileno; contra Palestino, el equipo árabe de Santiago. En cualquier otra vida, apoyaría sin duda al Colo, pero la casualidad o la providencia quisieron que en Chile conociese a Sohad. Así que en el fondo, mis simpatías están donde su alegría, alegría que en este caso se traduce en la victoria de Palestino.

Tengo muchas cosas pendientes que escribir. Sé que esto me pasará muy a menudo, y que no siempre tendré el tiempo o la voluntad de traducir mis pensamientos en palabra escrita. Esas impresiones poco a poco se irán difuminando, o interiorizando dentro de mí, y ahí morirán o ahí vivirán ajenas a estas otras impresiones que sí que tendrán visos de eternidad.

Una de las impresiones que sí quería reflejar es que, si bien es verdad que Arica es una ciudad multicultural, Tacna es una ciudad enteramente peruana. La música, el ritmo de la gente, las combis, los chifas. Tacna es una ciudad 100% peruana.

Bueno, me concentro en el partido que el Colo está presionando demasiado. ¡Vamos Palestino!

19/12/2008 - prima di partire

19:35

El avión sale con una hora de retraso. El avión. Al final decidó hacer el primer tramo de mi viaje en avión. Santiago-Arica en tres horas en vez de treinta. Sí, gano un día. Sí, es más cómodo. Pero no es lo mismo, es la primera traición a la idea de este viaje.

En la sala de embarque del aeropuerto, como siempre, reina el silencio. La gente tiene la misma cara que en un tanatorio. Algunos por miedo a volar, esperando con impaciencia que el avión salga pronto para que llegue pronto. Otros por la indiferencia a volar, aburridos de la espera.

Sin duda pertenezco al primer grupo, soy de esos que durante todo el vuelo está alerta, sosteniendo con su pensamiento el peso de las alas del avión. Cada vez que los veo, tan grandes, tan pesados, pienso lo mismo: ¿cómo es posible que ese armatoste se sostenga en el are? ¿Cómo a once mil metros de altitud, a 50 grados bajo cero y a mil kilómetros por hora?

En fin, esperemos que salga pronto para que llegue pronto.


19:45

Una chica, ajena a mis pensamientos, ajena a todos nosotros, lee un libro tumbada en el suelo de la sala. Los demás la miran entre reprochadores y envidiosos. La misma dicotomía, sólo que ahora pertenezco al segundo grupo.

Es la primera persona que querría conocer y a la que no me atrevo a acercarme. La segunda pequeña traición y aún ni siquiera he despegado.


23:45

Ocurrencia humoroso-festiva a diez mil metros de altura. "Me parece a mí que voy a pasar más hambre que Carpanta en el mes del Ramadán". Vamos, que cuando vuelva a Santiago más que de Bolivia va a parecer que vengo de Bulimia...