Acabo de darme cuenta de que desde mi entrada de fecha diez de Noviembre de dos mil ocho no hay una sóla entrada acompañada de imágenes. Es curioso este rechazo a plasmar las impresiones más allá de la letra escrita -que dicho sea de paso está empobreciendo sobremanera la ya dudosa estética de este blog-. Quizá algún día me decida a enriquecer retrospectivamente algunas entradas, lo que convertirá esta entrada en obsoleta para quien hoy la lea, y en incomprensible para aquellos que han de venir por estas latitudes. Qué curioso.
miércoles, 28 de enero de 2009
del "ya pa' qué"
Hace casi diez meses -el tres de abril del año pasado-, escribí en este blog una entrada que se llamaba "de la necesidad de tener un tocadiscos". En ella hablaba de cómo la temporalidad, de cómo la fecha de caducidad en una estadía, condiciona todos tus actos al principio y al fin de la misma, sólo pudiendo ser ignorada cuando en el medio nos dejamos llevar por una alegre cibernética.
Ahora vuelven esos días del "ya pa' qué", esos terribles días del fin de una era. Y me entristece ver cómo afecta de nuevo a mis decisiones, a mis actitudes, a mis sensaciones incluso. Se me había olvidado ya esta sensación que mi amigo Alberto definiera en Perú con escatológico acierto: "pa' lo que me queda en el convento me cago dentro".
Pido disculpas a todos aquellos que se están viendo afectados por este estado no tan transitorio del alma humana.
domingo, 25 de enero de 2009
ciento tres
He estado al alcance de todos los bolsillos, porque no cuesta nada mirarse para dentro.
Creo que ésta es la primera entrada que escribo sin tener una mínima idea de lo que quiero escribir, y es que realmente no quiero escribir sobre nada, simplemente quería teclear algunas líneas, aquí, al final de tantas cosas. Pronto empieza una nueva etapa y, como mencioné hace meses, se perfila como la primera de las etapas del fin de las dilaciones.
De las paredes de mi cuarto en Chile penden frases que me gustan, frases que para mí han querido o aún quieren significar algo. En la mayoría de ellas van apareciendo ya frases, guiños, recuerdos y abrazos de los amigos. Juan y Jesús piden conmigo la voz y la palabra, muchos se unen a la guerra del quiero contra el puedo, y otros tantos me recuerdan que se hace camino al andar. A Jessi le duele Latinoamérica, a Patri el viento que no nos acerca a puerto alguno si no conocemos nuestro rumbo. Y Jorge me acompaña al gritar que caminando fuimos lo que somos.
Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.
Me he acostumbrado a vivir con una inacabable ansiedad dentro del pecho. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá, y sólo quiero reír, sólo quiero cantar. ¿Dónde estaremos dentro de quince años? ¿Qué quedará del que hoy teclea estas líneas? ¿Qué quedará de ti, de mí, de nosotros dos, de todo aquello que un día como hoy nos unió y te hizo leer estas líneas con excitación? ¿Seremos sólo unas sombras que danzan en la irrealidad del recuerdo, en una foto en gastado papel amarillo? Seremos esa película que compartimos, esas líneas que a media luz te di a conocer, esos poemas de Sabines leídos a las cinco de la mañana con un ron en la mano entre el humo de un cigarro, seremos esas bragas con cerezas tumbadas al pie de mi cama, seremos Londres-Madrid-Roma-París-Santiago y todos los demás viajes que compartimos, seremos los desencuentros que nos recuerden el que aquel día tuvimos.
El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando: resultabas ser tú. Una esponja sin dueño, un silbido buscando: resultaba ser yo.
lunes, 19 de enero de 2009
una nueva despedida
Hoy se vuelven a España dos de mis mejores amigas acá en Santiago. Y a la vez, para hacerlo aún más difícil de llevar.
Esto no deja de recordarme que realmente somos gente enferma, aferrados a esta vida de encuentros y desencuentros: la vida de la intensidad de lo fugaz, de la llama que de tan breve abrasa, por condensada. Pero es la vida que para bien o para mal hemos elegido. La rueda da un nuevo giro e Ismael sigue navegando.
Pronto seré yo quien me vaya de esta ciudad, dejando atrás la que fue mi-primera-casa-fuera-de-mi-casa, el que fue mi primer trabajo, dejando atrás Chile, toda esta Latinoamérica que a partir de hoy me dolerá un poco más. A la rueda rueda, la vida sigue girando.
Estoy triste. Y compartir la tristeza nunca me ha parecido deshonesto. Es un sentimiento que nace y muere en uno, que no provoca rechazo ni admiración (hadmiración), quizá una tenue lástima que se olvida apenas perdemos de vista al apesadumbrado.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, que decía el poeta.
Esto no deja de recordarme que realmente somos gente enferma, aferrados a esta vida de encuentros y desencuentros: la vida de la intensidad de lo fugaz, de la llama que de tan breve abrasa, por condensada. Pero es la vida que para bien o para mal hemos elegido. La rueda da un nuevo giro e Ismael sigue navegando.
Pronto seré yo quien me vaya de esta ciudad, dejando atrás la que fue mi-primera-casa-fuera-de-mi-casa, el que fue mi primer trabajo, dejando atrás Chile, toda esta Latinoamérica que a partir de hoy me dolerá un poco más. A la rueda rueda, la vida sigue girando.
Estoy triste. Y compartir la tristeza nunca me ha parecido deshonesto. Es un sentimiento que nace y muere en uno, que no provoca rechazo ni admiración (hadmiración), quizá una tenue lástima que se olvida apenas perdemos de vista al apesadumbrado.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, que decía el poeta.
martes, 6 de enero de 2009
30/12/2008 - mate, tabaco y conversación
13:55
Estas serán probablemente las últimas líneas que escriba en este cuaderno de viaje. Y no porque el viaje esté llegando a su fin, ya que quedan aún cinco días en el centro de la pampa argentina, sino porque al igual que Bolivia fue un viaje de introspección, el del norte de Argentina está resultando un crisol de viajeros, experiencias y charlas nocturnas.
Ayer acabamos cuatro viajeros compartiendo un mate, tabaco de liar y charlas, que transitaron desde el Islam hasta la homogeneización cultural. Ahora, en San Luis, el lugar en el mundo de Mario Domenici, me encontraré con Patri y con Jessi, y probablemente los momentos de reflexión solitaria perderán espacio, a la vez que lo gana el de mundos y experiencias compartidas.
Por ello es probable que éstas sean las últimas líneas del viaje.
O no...
29/12/2008 - y se armó un buen truco
11:38
Purmamarca es un pueblo tomado por los viajeros. En sus calles transitan decenas de personas con sus mochilas a la espalda. Juegan al truco en las cafeterías, o comen sentados debajo de cualquier arco. La vida se vive a otro ritmo, el reloj -donde lo hay- está detenido o nadie lo mira. Purmamarca es un pueblito de calles sin adoquinar, rodeado por toda una serie de colinas multicolor. Lo llaman la montaña de los siete colores.
13:18
Demasiado bueno. Tomando un descanso en una cafetería de Purmamarca, poco a poco se fue llenando de viajeros que, viniendo de todas partes y yendo a cualquier parte, empezamos a relatarnos los curriculum nómadas. Entre consejos, recomendaciones e intercambio de experiencias, se armó un truco. Bruno, rosarino; Tomás, porteño; Natalia, cordobesa; y yo, el español, el gallego. Las mesas de alrededor poco a poco también se fueron calentando, y nuevos trucos, algún chinchón o hasta la brisca empezaron a dar un aire de timba al local.
Compartiendo un mate y unas risas, llegó y se fue mi bus. Corriendo por las calles embarradas tuve que ir a detenerlo, y acá dentro estoy ahora, arrepintiéndome un poco de no haberme quedado más tiempo y haber dejado que perdiera el bus.
También ayer tuve un encuentro maravilloso. Conocí en un ciber a Antonio y Estefi, una pareja española que vive actualmente en Buenos Aires. Desde el principio nos estuvimos simpáticos, y decidimos ir a cenar juntos. En el bar un grupo tocaba músicas del norte, y cuando la noche fue pasando y ya la botella de ron tocó la mesa, empezó la verdadera fiesta.
Acabamos en casa de uno de los músicos, compartiendo un damajuana de vino y chupitos de picor de durazno en el tapón de la botella. Resultado: abrazos de amistad y alguna vomitona. También me hubiera gustado quedarme un tiempito más.
Para cerrar el círculo de encuentros memorables, hoy en el bus de Humahuaca a Purmamarca conocí a Mirek, un checo de sesentaycinco años que comenzó su vida nómada al huir del comunismo con diecisiete años. En inglés fuimos compartiendo historias y experiencias, un análisis de la Cuba castrista, y algo más. También me he planteado seguir en el bus hasta Jujuy para continuar la charla.
Tres encuentros, tres historias, tres bellos recuerdos más en la mochila. En los tres me hubiera gustado detenerme más tiempo. Pero como siempre, Ismael sigue navegando.
Purmamarca es un pueblo tomado por los viajeros. En sus calles transitan decenas de personas con sus mochilas a la espalda. Juegan al truco en las cafeterías, o comen sentados debajo de cualquier arco. La vida se vive a otro ritmo, el reloj -donde lo hay- está detenido o nadie lo mira. Purmamarca es un pueblito de calles sin adoquinar, rodeado por toda una serie de colinas multicolor. Lo llaman la montaña de los siete colores.
13:18
Demasiado bueno. Tomando un descanso en una cafetería de Purmamarca, poco a poco se fue llenando de viajeros que, viniendo de todas partes y yendo a cualquier parte, empezamos a relatarnos los curriculum nómadas. Entre consejos, recomendaciones e intercambio de experiencias, se armó un truco. Bruno, rosarino; Tomás, porteño; Natalia, cordobesa; y yo, el español, el gallego. Las mesas de alrededor poco a poco también se fueron calentando, y nuevos trucos, algún chinchón o hasta la brisca empezaron a dar un aire de timba al local.
Compartiendo un mate y unas risas, llegó y se fue mi bus. Corriendo por las calles embarradas tuve que ir a detenerlo, y acá dentro estoy ahora, arrepintiéndome un poco de no haberme quedado más tiempo y haber dejado que perdiera el bus.
También ayer tuve un encuentro maravilloso. Conocí en un ciber a Antonio y Estefi, una pareja española que vive actualmente en Buenos Aires. Desde el principio nos estuvimos simpáticos, y decidimos ir a cenar juntos. En el bar un grupo tocaba músicas del norte, y cuando la noche fue pasando y ya la botella de ron tocó la mesa, empezó la verdadera fiesta.
Acabamos en casa de uno de los músicos, compartiendo un damajuana de vino y chupitos de picor de durazno en el tapón de la botella. Resultado: abrazos de amistad y alguna vomitona. También me hubiera gustado quedarme un tiempito más.
Para cerrar el círculo de encuentros memorables, hoy en el bus de Humahuaca a Purmamarca conocí a Mirek, un checo de sesentaycinco años que comenzó su vida nómada al huir del comunismo con diecisiete años. En inglés fuimos compartiendo historias y experiencias, un análisis de la Cuba castrista, y algo más. También me he planteado seguir en el bus hasta Jujuy para continuar la charla.
Tres encuentros, tres historias, tres bellos recuerdos más en la mochila. En los tres me hubiera gustado detenerme más tiempo. Pero como siempre, Ismael sigue navegando.
28/12/2008 - la argentina
12:44 (hora argentina y hora chilena)
Bajo el sol de la Argentina más andina, compruebo que realmente Buenos Aires queda a miles de kilómetros. En Humahuaca, rodeado del verdor de los cactus, el marrón de la quebrada y el azul del cielo, el estallido de color, la calma y el aire puro me reconfortan tras tantas horas de viaje.
Hoy será un día para la calma. Humahuaca invita a pasear y a sentir, con un ritmo que me recuerda a San Pedro de Atacama.
Me gusta estar aquí.
13:55
Sentado en un bar con muchas moscas y poco turista, después de haber comido un plato de más arroz que cordero (que diría Alonso Quijano), sentado delante del medio litro de Norte Blanca (que no la porteña Quilmes Cristal), escribo ya medio borracho estas líneas. Tomando cervecita a gusto, lo suficiente para tomarle el puntillo a una buena siesta, y disfrutar de un día de descanso físico y mental tras el agotador viaje por Bolivia.
lunes, 5 de enero de 2009
27/12/2008 - el cerro "rico" de potosí
08:30
Me he dado cuenta de que cada día escribo menos en este cuaderno y que, al igual, mientras en los primeros cuatro días apenas si leí cincuenta páginas de "Los premios", en los últimos cuatro he devorado las otras trescientas. Era algo esperable: sabía que tarde o temprano me atacaría la honestidad, y el viaje daría un giro introspectivo, hacia dentro.
Hoy he contratado un tour por las minas del cerro Rico. He hecho dos cosas que no quería hacer: participar en un tour de agencia, y hacer turismo de la pobreza y la explotación. Sin embargo, por fortuna (o no) me ha llegado en un momento del viaje en el que puedo hacerlo sin sentirme demasiado deshonesto conmigo mismo.
Sé que lo que voy a ver me va a dejar marcado, pero creo que por eso mismo tengo necesidad de hacerlo.
12:45
Es difícil escribir sobre la que probablemente haya sido una de las experiencias más intensas de mi vida, pero quiero intentarlo, quiero poder volver a este recuerdo no sólo en mi mente, sino en estas líneas que de cualquier manera ya sé que no van a alcanzar.
Creo que jamás hubiera soñado con una experiencia similar, ya que las únicas dos personas de la visita eramos el guía y yo. Willy es además un antiguo trabajador de la mina, cuyos ascendientes han sido siempre mineros, y para él volver a la mina y explicarla es un placer más que un trabajo. Habla del cerro y de los mineros con una humanidad y un respeto que no se pueden suplantar.
Antes de entrar, rezó en quechua al tío, que es el diablo que mora en el mundo bajo la mina, y al cual se le honra cubriéndolo de coca, bañándolo en alcohol y compartiendo con él un cigarro. La mina es húmeda, cálida, y puede ser una trampa mortal para aquel que no la respete. Por eso hay que respetar y honrar al tío, porque aquello que le demos será lo que recibiremos.
Adentrándonos en la mina la oscuridad lo envuelve todo. Vamos a compartir su descanso con Don Gregorio y su hijo Hugo, que en quechua hablan con Willy de las dificultades de los últimos tiempos, de que el cerro se agota, y compartimos el alcohol y la hoja de coca regando a la Pachamama antes de cada trago.
Y es que la Pachamama también puede darnos o negarnos todo. La Madre Tierra es celosa, por eso la mujer del minero no puede entrar en la mina, porque la Pachamama exige fidelidad dentro de sus dominios.
En el cerro Rico no existe el comunitarismo que había pensado. El minero de a pie, el que cada día desciende a las entrañas del cerro jugándose la vida y la salud, es absolutamente solidario con sus compañeros. Pero la mina no pertenece a ellos. La mina pertenece a distintas cooperativas de las que sus socios nunca bajaron a la mina, pues la calidad de socio es hereditaria. Eso, y la reciente bajada del precio de los metales, hace cada vez más difícil la vida del minero. En la actualidad, el minero ha de pagar por los propios materiales que emplea para horadar el cerro: dinamita, agua, comida... Del metal que extrae, retiene para sí el 50% y da al patrón el otro 50%, luego si un mes no encuentra una veta de metal, su sueldo neto es negativo por el gasto en los materiales.
Con una jornada laboral de diez horas en unas condiciones insalubres e infrahumanas, el sueldo medio del minero de prospección es de cien dólares mensuales, y el de los carretilleros apenas de treinta o cuarenta. Un patrón promerdio, con treintaycinco trabajadores a su cargo, gana en torno a los tres mil dólares al mes.
El gobierno boliviano de Evo Morales intentó la nacionalización de la minería, pero al día siguiente de su anuncio se paralizó toda la industria, el comercio, y el transporte en Bolivia. Los patrones, bajo amenazas de despido, obligaron a los mineros y a sus hijos y familiares a manifestarse contra la nacionalización. La prensa, dominada también por los mismos capitales, abrió titulares con la oposición de los propios mineros a la nacionalización. Y así se mueve la mano invisible.
13:27
El viaje dentro de la mina sigue, como seguirá dentro de mí al lado de Julaca, del taxi de Paracas, de la niña de Barranco, de tantas otras cosas...
¿Por qué me siento deshonesto hablando de esto? El otro día lo entendí hablando con Jorge y con Patri en mi casa. Jorge nos contaba algunas de sus experiencias trabajando con los niños de la calle en Santiago. Mientras lo escuchaba no dejaba de pensar cómo podía contar todas esas historias sin sentir que se estaba vistiendo ante nuestros ojos con un halo de santidad. Lo escuchaba contar todas esas historias y sentía que él si lo hacía con honestidad, con sinceridad, y no dejaba de preguntarme por qué yo sería incapaz de hacerlo.
Finalmente lo entendí; él puede contar con total honestidad todo lo que hace porque lo que hace es bueno, es puro. O lo que es lo mismo: sirve para algo. Nada de lo que yo hago sirve absolutamente para nada, al menos para apaciguar algo del dolor que hay a mi alrededor. Lo único que alcanzo a hacer es lamentarme de mi inacción en estas líneas, con este boomerang ontológico destinado solamente a darme por artificio algo más de humanidad. No hago nada en mi vida por mejorar la de aquellos que me rodean.
Pero todo esto va a cambiar en Marzo. Cueste lo que cueste y dañe a quien dañe, a partir de Marzo se acabaron las concesiones y las prórrogas. Ya basta de esta contradicción interna, de este movimiento inmóvil de la mente. Ya basta de tanta mierda.
Me he dado cuenta de que cada día escribo menos en este cuaderno y que, al igual, mientras en los primeros cuatro días apenas si leí cincuenta páginas de "Los premios", en los últimos cuatro he devorado las otras trescientas. Era algo esperable: sabía que tarde o temprano me atacaría la honestidad, y el viaje daría un giro introspectivo, hacia dentro.
Hoy he contratado un tour por las minas del cerro Rico. He hecho dos cosas que no quería hacer: participar en un tour de agencia, y hacer turismo de la pobreza y la explotación. Sin embargo, por fortuna (o no) me ha llegado en un momento del viaje en el que puedo hacerlo sin sentirme demasiado deshonesto conmigo mismo.
Sé que lo que voy a ver me va a dejar marcado, pero creo que por eso mismo tengo necesidad de hacerlo.
12:45
Es difícil escribir sobre la que probablemente haya sido una de las experiencias más intensas de mi vida, pero quiero intentarlo, quiero poder volver a este recuerdo no sólo en mi mente, sino en estas líneas que de cualquier manera ya sé que no van a alcanzar.
Creo que jamás hubiera soñado con una experiencia similar, ya que las únicas dos personas de la visita eramos el guía y yo. Willy es además un antiguo trabajador de la mina, cuyos ascendientes han sido siempre mineros, y para él volver a la mina y explicarla es un placer más que un trabajo. Habla del cerro y de los mineros con una humanidad y un respeto que no se pueden suplantar.
Antes de entrar, rezó en quechua al tío, que es el diablo que mora en el mundo bajo la mina, y al cual se le honra cubriéndolo de coca, bañándolo en alcohol y compartiendo con él un cigarro. La mina es húmeda, cálida, y puede ser una trampa mortal para aquel que no la respete. Por eso hay que respetar y honrar al tío, porque aquello que le demos será lo que recibiremos.
Adentrándonos en la mina la oscuridad lo envuelve todo. Vamos a compartir su descanso con Don Gregorio y su hijo Hugo, que en quechua hablan con Willy de las dificultades de los últimos tiempos, de que el cerro se agota, y compartimos el alcohol y la hoja de coca regando a la Pachamama antes de cada trago.
Y es que la Pachamama también puede darnos o negarnos todo. La Madre Tierra es celosa, por eso la mujer del minero no puede entrar en la mina, porque la Pachamama exige fidelidad dentro de sus dominios.
En el cerro Rico no existe el comunitarismo que había pensado. El minero de a pie, el que cada día desciende a las entrañas del cerro jugándose la vida y la salud, es absolutamente solidario con sus compañeros. Pero la mina no pertenece a ellos. La mina pertenece a distintas cooperativas de las que sus socios nunca bajaron a la mina, pues la calidad de socio es hereditaria. Eso, y la reciente bajada del precio de los metales, hace cada vez más difícil la vida del minero. En la actualidad, el minero ha de pagar por los propios materiales que emplea para horadar el cerro: dinamita, agua, comida... Del metal que extrae, retiene para sí el 50% y da al patrón el otro 50%, luego si un mes no encuentra una veta de metal, su sueldo neto es negativo por el gasto en los materiales.
Con una jornada laboral de diez horas en unas condiciones insalubres e infrahumanas, el sueldo medio del minero de prospección es de cien dólares mensuales, y el de los carretilleros apenas de treinta o cuarenta. Un patrón promerdio, con treintaycinco trabajadores a su cargo, gana en torno a los tres mil dólares al mes.
El gobierno boliviano de Evo Morales intentó la nacionalización de la minería, pero al día siguiente de su anuncio se paralizó toda la industria, el comercio, y el transporte en Bolivia. Los patrones, bajo amenazas de despido, obligaron a los mineros y a sus hijos y familiares a manifestarse contra la nacionalización. La prensa, dominada también por los mismos capitales, abrió titulares con la oposición de los propios mineros a la nacionalización. Y así se mueve la mano invisible.
13:27
El viaje dentro de la mina sigue, como seguirá dentro de mí al lado de Julaca, del taxi de Paracas, de la niña de Barranco, de tantas otras cosas...
¿Por qué me siento deshonesto hablando de esto? El otro día lo entendí hablando con Jorge y con Patri en mi casa. Jorge nos contaba algunas de sus experiencias trabajando con los niños de la calle en Santiago. Mientras lo escuchaba no dejaba de pensar cómo podía contar todas esas historias sin sentir que se estaba vistiendo ante nuestros ojos con un halo de santidad. Lo escuchaba contar todas esas historias y sentía que él si lo hacía con honestidad, con sinceridad, y no dejaba de preguntarme por qué yo sería incapaz de hacerlo.
Finalmente lo entendí; él puede contar con total honestidad todo lo que hace porque lo que hace es bueno, es puro. O lo que es lo mismo: sirve para algo. Nada de lo que yo hago sirve absolutamente para nada, al menos para apaciguar algo del dolor que hay a mi alrededor. Lo único que alcanzo a hacer es lamentarme de mi inacción en estas líneas, con este boomerang ontológico destinado solamente a darme por artificio algo más de humanidad. No hago nada en mi vida por mejorar la de aquellos que me rodean.
Pero todo esto va a cambiar en Marzo. Cueste lo que cueste y dañe a quien dañe, a partir de Marzo se acabaron las concesiones y las prórrogas. Ya basta de esta contradicción interna, de este movimiento inmóvil de la mente. Ya basta de tanta mierda.
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