¿Cuántas son las veces en que las palabras no alcanzan? ¿Cuántas las veces en que esta sucesión de letras que sale de mi mente, y a través de mis dedos llega a tu mirada, no puede colmar un sentimiento, una gratitud? En esas ocasiones es mejor dejar que el silencio de una sonrisa, el calor de una mirada, o la complicidad de un abrazo hablen por nosotros, se expresen en ese otro lenguaje subversivo que rompe los marcos de las ventanas que encorsetan nuestra vida.
Sin embargo hoy tengo la necesidad de verbalizar un sentimiento, tengo la necesidad de explicitar de forma mundana aquello que he sentido, aunque con ello lo vulgarice, aunque con ello convierta en terrenal un gesto inclasificable dentro de nuestros rígidos esquemas.
Ayer, a más de doce mil kilómetros de distancia de aquello que la mayoría de nosotros llamamos hogar, todos nos sentimos un poco más cerca de casa. Ayer, los amigos más cercanos en este trozo de tierra, en esta isla pasillo que es Chile, organizamos un amigo invisible, para traernos un trozo de las fiestas acá, y para sentirnos un poco más acompañados en este viaje que para algunos comienza, para otros termina, y para Ismael no tiene principio ni fin.
Quiero verbalizar lo que sentí al abrir mi regalo, pero no quiero que sean mis palabras las que hablen, sino que quiero mantener un diálogo con la persona que me lo regaló, y con ello me hizo entender a otro nivel el concepto de la palabra "regalo", que quizá de tanto usarlo ha perdido mucho del hermoso valor que tiene.
Nuestro regalo (pues el regalo es tanto del que lo ofrece como del que lo recibe) es un bolso de viaje, un bolso que contenía en su interior todos aquellos primeros auxilios con los que sobrevivir -o al menos con los que sobrellevar- este peregrinaje que nos lleva a movernos por esta pelota azul que, dicen, no para de dar vueltas y más vueltas, también sin rumbo fijo, sin principio ni final. En su interior había todo esto que dialogo, con Patri mediante su palabra, y con ustedes mediante mi voz.
Un ventilador (fue el primer regalo), pa que se quiten las nubes negras en los días malos...
Una brújula y un mapa, para encontrar el Norte (aunque confío que sobre todo me ayude a no perderme nunca del Sur...)
Un coche de juguete, para que conduzcas cuando bebes.
Un espiral, ya sabes... (y la honestidad me impide que ustedes sepan).
Un librito de frases; no podía faltar un libro.
Una Estrella del Elqui. Ya sabes que las tuyas están allí. Te las regaló Jorge.
Una agenda; con tus chicas y para que te cuides.
Un vela, que te ilumine. (En la oscuridad, como dije un día, me ilumina el recuerdo de los compañeros de viaje...)
Un CD de música: mi música para que te acompañe.
Unos calcetines de colores: para el invierno, o el frío.
Un cubo de rubik: sencillo-complejo (como todas aquellas personas que vale la pena conocer).
Un chapa, el conocimiento. (Combate la ignorancia).
Un superocho; para los momentos amargos (el superocho es el dulce más famoso de Chile...)
Una botellita de licor; la fiesta... (su ausencia fue el mejor regalo, pues nos queda pendiente...)
Un duende; te lo expliqué (y yo acá me permitiré una nueva elipsis, esto queda entre alma y alma)
Un llave; el amor. (Ojalá fuera tan fácil encontrar la cerradura...)
Allende; su último discurso.
Un lápiz; para cuando necesites hablar.
La poesía; ... (...)
Una goma de borrar; todos nos equivocamos.
La bola del mundo; tus amigos...
El bolso, cargadito.
El regalo: esta vez lo recibes tú y no al revés.
Y un beso...
El mundo dentro de un bolso, y dentro del mundo, el sueño de otro mundo. Y dentro del sueño, el mundo de otro sueño. Entre sus palabras, tomó prestado de Hamlet Lima Quintana los siguientes versos, que me dedicó, y que acá reproduzco no para mi vanagloria personal (siempre he desconfiado de las estatuas ecuestres), sino para materializar su ternura a la hora de poder pensarme así:
Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con sólo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con sólo abrir la boca
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.
Este es un lugar común que comparto con Patri. Ella piensa de mí que soy un duende, y yo sé que ella tiene la sombra de oro. Ella me regala versos, y yo le regalo palabras. Y éstas son las palabras que su sombra me inspira a mí:
- Ese chiquillo tiene algo.
- ¿Quién, Último?
- Sí.
- No tiene nada.
- Sí, tiene algo.
Libero Parri levantó los ojos hacia el cielo, incómodo, como alguien al que han pillado haciendo trampas con las cartas.
- No tiene nada, lo único es que... Es que tiene la sombra de oro, eso es todo.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- No sé..., son distintos, y la gente los reconoce. A la gente le gustan los que tienen la sombra de oro.
El conde no parecía muy convencido. Libero Parri aventuró una explicación.
- Es que él ya se ha muerto un par o tres de veces... Cuando era pequeño, siempre lo daban por difunto, pero él siempre se salía bien del paso. Quién sabe, a lo mejor son cosas que te cambian.
Al conde d'Ambrosio le vino a la cabeza la única mujer a la que había amado más que al tenis y que a los automóviles. Cuando uno entraba en una habitación llena de gente, podía sentir si ella estaba allí sin que fuera necesario verla o saber que se había quedado en casa. Y en el teatro no era necesario buscarla: era lo primero que veían sus ojos. No es que fuera muy hermosa. Y hasta era difícil averiguar si era de verdad inteligente. Pero la luz estaba donde ella estuviera, y ella era el cuadro. Tenía sombra de oro, comprendió.
Y así, como dijo el poeta, es como cada día traemos del sueño otro sueño. Y esto es todo lo que tengo que decir. O al menos, todo lo que puede decirse.