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martes, 12 de mayo de 2009

el sitio de tu recreo

Dónde nos llevó la imaginación,
dónde con los ojos cerrados
se divisan infinitos campos.
Dónde se creó la primera luz
germinó la semilla de cielo azul.
Volveré a ese lugar donde nací...

lunes, 16 de febrero de 2009

cien días (cien días después)

El y ella se conocieron de una extraña manera, “¿tú también eres extranjera?”, “soy palestina, aunque nací en Ecuador y desde los 2 años estoy viviendo en Chile”, “vaya, imagino que detrás de eso habrá una historia muy interesante; o tremendamente triste”. Intercambiaron sus correos y pronto comenzaron a hablar por messenger. La primera vez que coincidieron ella tenía junto a su nombre una frase de Sabina: “y cuando vuelves hay fiesta en la cocina”. Nada sabían en ese momento que esta canción podía ser la banda sonora de su relación. El incluso la utilizó para hablarle de los conciertos que todos los Martes hacían de Sabina en La casa en el aire. “Algún día te llevaré conmigo a escuchar a Sabina”, soñó. Nunca la llevó, pero a los pocos días él la llamó por teléfono para hacerle escuchar “Y sin embargo” desde las 4 y 10. Quizá ahí fue cuando a ella se le enterneció el corazón.

La primera vez que se vieron no sabían bien dónde mirar. Ya empezaban a gustarse, y él tímidamente le regaló un cubo de rubik que en vez de colores contenía versos, que cuando ella los giraba, creaba poemas dadaístas llenos de significado. Y se fueron juntos a las 4 y 10, a conocerse, a sonreírse, a enamorarse. Las manos comenzaron a tallar, y aunque quizá alguien cantaba Fito, él sólo tenía ojos para ella. Luego ella lo invito a carretear, y acabaron bailando juntos hasta el amanecer en un after situado entre París y Londres. Todo se parecía demasiado a esa canción de Ismael Serrano: él también vino del norte, y el destino trágico ya empezaba a tejerse. Pero ellos nada de esto sabían en esos primeros y tímidos pasos. El incluso intentó besarla esa primera noche, aunque ella le recordó que no permitiría que la velocidad de la satisfacción impidiera el nacimiento del deseo.

Poco a poco comenzaron a frecuentarse. En la casa de él, en algunos cafés de Santiago, en la librería que ella a veces atendía. Se entregaron al placer de conocerse, con el miedo de saber que cada día que pasaba era una cuenta atrás hacia el momento de su separación. Cada segundo juntos representaba el placer del amor compartido, y el dolor de un suspiro menos en la inevitable cuenta atrás. Como dos trenes que corren por la misma vía en direcciones contrarias, el único destino posible era encontrarse y explotar. Y justo a los cien días, se produjo el choque de trenes. Las contradicciones pesaban demasiado en el corazón, y el amargo placer unido al dulce dolor, se convirtieron en un amargo dolor.

Lo cómico es que quizá por el mismo esfuerzo podía haber resultado un dulce placer: bastaba con hacer el cambio de agujas en el momento justo para evitar la colisión, y recorrer juntos el camino. Sin embargo ese momento nunca llegó, o ellos lo dejaron pasar, y el humo del choque se expandió como un velo. Pero a nosotros nos gusta pensarlos de otro modo. A nosotros nos gusta pensarlos detrás de un rumor, mientras juntos hacen correr una máquina a vapor que se aleja por una de esas vías fantasmas que atraviesan Chile, marcando su destino, reinventándolo a cada segundo, a cada suspiro.

jueves, 18 de diciembre de 2008

una sinfonía de entrecasa

¿Cuántas son las veces en que las palabras no alcanzan? ¿Cuántas las veces en que esta sucesión de letras que sale de mi mente, y a través de mis dedos llega a tu mirada, no puede colmar un sentimiento, una gratitud? En esas ocasiones es mejor dejar que el silencio de una sonrisa, el calor de una mirada, o la complicidad de un abrazo hablen por nosotros, se expresen en ese otro lenguaje subversivo que rompe los marcos de las ventanas que encorsetan nuestra vida.

Sin embargo hoy tengo la necesidad de verbalizar un sentimiento, tengo la necesidad de explicitar de forma mundana aquello que he sentido, aunque con ello lo vulgarice, aunque con ello convierta en terrenal un gesto inclasificable dentro de nuestros rígidos esquemas.

Ayer, a más de doce mil kilómetros de distancia de aquello que la mayoría de nosotros llamamos hogar, todos nos sentimos un poco más cerca de casa. Ayer, los amigos más cercanos en este trozo de tierra, en esta isla pasillo que es Chile, organizamos un amigo invisible, para traernos un trozo de las fiestas acá, y para sentirnos un poco más acompañados en este viaje que para algunos comienza, para otros termina, y para Ismael no tiene principio ni fin.

Quiero verbalizar lo que sentí al abrir mi regalo, pero no quiero que sean mis palabras las que hablen, sino que quiero mantener un diálogo con la persona que me lo regaló, y con ello me hizo entender a otro nivel el concepto de la palabra "regalo", que quizá de tanto usarlo ha perdido mucho del hermoso valor que tiene.

Nuestro regalo (pues el regalo es tanto del que lo ofrece como del que lo recibe) es un bolso de viaje, un bolso que contenía en su interior todos aquellos primeros auxilios con los que sobrevivir -o al menos con los que sobrellevar- este peregrinaje que nos lleva a movernos por esta pelota azul que, dicen, no para de dar vueltas y más vueltas, también sin rumbo fijo, sin principio ni final. En su interior había todo esto que dialogo, con Patri mediante su palabra, y con ustedes mediante mi voz.

Un ventilador (fue el primer regalo), pa que se quiten las nubes negras en los días malos...
Una brújula y un mapa, para encontrar el Norte
(aunque confío que sobre todo me ayude a no perderme nunca del Sur...)
Un coche de juguete, para que conduzcas cuando bebes.
Un espiral, ya sabes...
(y la honestidad me impide que ustedes sepan).
Un librito de frases; no podía faltar un libro.
Una Estrella del Elqui. Ya sabes que las tuyas están allí. Te las regaló Jorge.
Una agenda; con tus chicas y para que te cuides.
Un vela, que te ilumine.
(En la oscuridad, como dije un día, me ilumina el recuerdo de los compañeros de viaje...)
Un CD de música: mi música para que te acompañe.
Unos calcetines de colores: para el invierno, o el frío.
Un cubo de rubik: sencillo-complejo
(como todas aquellas personas que vale la pena conocer).
Un chapa, el conocimiento. (Combate la ignorancia).
Un superocho; para los momentos amargos (el superocho es el dulce más famoso de Chile...)
Una botellita de licor; la fiesta... (su ausencia fue el mejor regalo, pues nos queda pendiente...)
Un duende; te lo expliqué (y yo acá me permitiré una nueva elipsis, esto queda entre alma y alma)
Un llave; el amor. (Ojalá fuera tan fácil encontrar la cerradura...)
Allende; su último discurso.
Un lápiz; para cuando necesites hablar.
La poesía; ...
(...)
Una goma de borrar; todos nos equivocamos.
La bola del mundo; tus amigos...
El bolso, cargadito.
El regalo: esta vez lo recibes tú y no al revés.
Y un beso...

El mundo dentro de un bolso, y dentro del mundo, el sueño de otro mundo. Y dentro del sueño, el mundo de otro sueño. Entre sus palabras, tomó prestado de Hamlet Lima Quintana los siguientes versos, que me dedicó, y que acá reproduzco no para mi vanagloria personal (siempre he desconfiado de las estatuas ecuestres), sino para materializar su ternura a la hora de poder pensarme así:

Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con sólo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con sólo abrir la boca
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.

Este es un lugar común que comparto con Patri. Ella piensa de mí que soy un duende, y yo sé que ella tiene la sombra de oro. Ella me regala versos, y yo le regalo palabras. Y éstas son las palabras que su sombra me inspira a mí:

- Ese chiquillo tiene algo.
- ¿Quién, Último?
- Sí.
- No tiene nada.
- Sí, tiene algo.

Libero Parri levantó los ojos hacia el cielo, incómodo, como alguien al que han pillado haciendo trampas con las cartas.

- No tiene nada, lo único es que... Es que tiene la sombra de oro, eso es todo.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- No sé..., son distintos, y la gente los reconoce. A la gente le gustan los que tienen la sombra de oro.

El conde no parecía muy convencido. Libero Parri aventuró una explicación.

- Es que él ya se ha muerto un par o tres de veces... Cuando era pequeño, siempre lo daban por difunto, pero él siempre se salía bien del paso. Quién sabe, a lo mejor son cosas que te cambian.

Al conde d'Ambrosio le vino a la cabeza la única mujer a la que había amado más que al tenis y que a los automóviles. Cuando uno entraba en una habitación llena de gente, podía sentir si ella estaba allí sin que fuera necesario verla o saber que se había quedado en casa. Y en el teatro no era necesario buscarla: era lo primero que veían sus ojos. No es que fuera muy hermosa. Y hasta era difícil averiguar si era de verdad inteligente. Pero la luz estaba donde ella estuviera, y ella era el cuadro. Tenía sombra de oro, comprendió.

Y así, como dijo el poeta, es como cada día traemos del sueño otro sueño. Y esto es todo lo que tengo que decir. O al menos, todo lo que puede decirse.

viernes, 27 de junio de 2008

abrirán las grandes alamedas

Poco o nada se sabe en España de la historia del pueblo chileno. Poco o nada se sabe de esta tierra que durante siglos compartimos, y cuyos pasos siguieron en numerosas ocasiones nuestra misma desafortunada senda.

Ayer se cumplieron cien años del nacimiento de Salvador Allende. Y es curioso como en un día que debería ser tan señalado -y no sólo para todos los chilenos sino para todos y cada uno de aquellos que soñamos con un mundo mejor y más justo-, su gente, su pueblo, transitaba la gran Alameda sin siquiera volver su mirada hacia el Palacio de La Moneda que lo vió morir un once de septiembre de mil novecientos setenta y tres. En un país en el que es aún alargada la sombra del dictador Augusto Pinochet; en un país en el que sus calles se inundan para despedir a otro general muerto en un accidente aéreo, a otro de esos milicos que sumieron esta tierra en el terror y la oscuridad cultural durante más de 15 años; en un país del que poco queda del gran sueño de Allende salvo algunos locales a media luz en los que se brinda con vino pipeño entre las notas de una lejana cueca; en este país, en esta tierra, nació y murió por ella Salvador Allende, a quien quiero homenajear con estas indignas líneas.

La elección democrática de Salvador Allende un cuatro de noviembre de mil novecientos setenta, marcaría un hito en la historia de la humanidad. Ese día, en esas horas de incertidumbre inmersos en plena guerra fría, todos los ojos del mundo se giraron hacia Chile. Por vez primera en la historis, resultaba elegido de forma democrática un presidente marxista. Injustas son las disputas postreras entre comunistas y socialistas, entre radicales y socialdemocratas, sobre si Allende pertenecía a una u otra línea política. Salvador Allende perteneció y pertenecerá siempre sólo a su pueblo. Y sólo por él luchó. Por él vivió, y dió su vida.

El once de septiembre de mil novecientos setenta y tres, el Palacio de La Moneda era bombardeado por el propio ejército militar chileno. Ríos de tinta han corrido, miles de voces han manifestado su opinión, en tertulias, encuentros, locales clandestinos, universidades, en los bares y en las calles. Miles de voces que -igual que los comunistas y socialistas ortodoxos pugnan por colgarse la medallita de Allende- discuten acaloradamente sobre si Allende fue asesinado en La Moneda, o si fue él mismo quien decidió quitarse la vida. Igualmente, Allende murió de tristeza. Murió por la decepción de comprobar cómo su sueño social de un mundo más justo para los trabajadores se desvanecía. Murió porque, como sucediera en España en el año mil novecientos treinta y nueve, los de siempre, una vez más, tomaban por las armas lo que el pueblo había elegido con su propia volutad y con toda la fuerza de su voz, y su palabra. ¿Qué importa quién apretara el gatillo, quién disparara esa bala hace hoy casi treinta y cinco años?

Ayer todas esas preguntas, toda esa historia, flotaban un poco en el ambiente. Salvador, el compañero presidente, recibía un emotivo homenaje a pocos metros del asfalto que se tragó sus últimas gotas de sangre. Sin embargo, una uña me rascaba casi imperceptiblemente la cabeza. Rodeado de esas personas, embajadores, cónsules, consejeros, artistas de la nueva ola, personajes de la farándula, sentía que en el homenaje a Allende no estaban ninguno de esos "nadies" por los que él había entregado su vida. Mucho abrigo de piel, muchas barbas al viento, incluso alguien se atrevió a levantar un puño en un momento dado del discurso. Pero de los desheredados, de los ninguneados, del pueblo trabajador en el que siempre creyó Allende, no había más que una decena de personas que con camisetas blancas y lágrimas negras reclamaban la libertad de la líder mapuche Elena Varela, encarcelada por defender las ideas de libertad, igualdad y respeto. Que cada cual haga su juicio particular.

Yo sólo quisiera cerrar estas líneas, con las últimas que Allende dirigió a su pueblo, pocas horas antes de morir, cuando el Golpe era ya una realidad, y el futuro una incertidumbre llena de sombras, miedo y de desesperanza.


Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.

Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

lunes, 23 de junio de 2008

él y ella, ella y él

Ella ilumina mi vida con su sonrisa. El es el vigía secreto de todos mis pasos. Ella me empuja a vivir la vida intensamente. El sufre en silencio todas mis ausencias. Ella intenta protegerme de los envites de la vida. El quiere que sea yo quien sortee las piedras del camino. Ella arriesgó todo por darnos una oportunidad. El dejó atrás sus sueños por satisfacerla. Ella soñó con ser quien hoy es. El la sueña en cada luna solitaria. Ella pisa tan fuerte que la tierra tiembla ante sus pasos. El camina despacito (que las prisas no son buenas). Ella es mi madre. El es mi padre. Ella y él siempre guiarán mis pasos, y por él y ella siempre daré uno más hacia delante. Ellos son mi guía, mis confesores, mi bálsamo cuando el mundo me duele. Ellos son mi origen y mi destino, mi principio y mi final. Y a ellos quería dedicarles hoy, al final de tantas cosas, cuando concluye mi primer cuarto de siglo junto a ellos, estas líneas de amor y de devoción. Gracias por haberme dado todo. Gracias por existir.

miércoles, 23 de abril de 2008

mango antonia y los indios guaranís

Hoy me dió por hacer una entrada mundana. Una entrada que huela a raíces, a tierra mojada, a cosas vivas. Allá vamos.

Esa que ven en la foto es mi apadrinada, Mango Antonia. Ese que la sostiene entre sus brazos es mi amigo, Jesús. Y sí, cuando lean esta entrada valoren el uso de las comas, que en mi escritura nunca es baladí.

Ya dediqué una entrada hablando de Jesús, pero es una de esas personas que tiene la extraña habilidad de sorprenderme siempre de nuevo. Con sus silencios, y con la ruptura de los mismos. Con sus gestos.

Esta es la primera vez en mi vida que soy padrino. No sé si me tocará cumplir esta función en otros momentos, o con otros seres más humanos (quizá humanos demasiado humanos), pero digo de verdad que me llenó de orgullo serlo. Porque entendí el motivo por el que lo era. Y eso es lindo.

Todo ser humano tiene la necesidad de sentirse querido. Principalmente, por uno mismo. Es necesario amarse por encima de todo, pues como me enseñó una amiga italiana, sólo podemos dar de aquello que tenemos, luego para amar a los demás, para respetar a los demás, hemos de empezar por amarnos y respetarnos a nosotros mismos. Pero colmado este autoafecto, necesitamos (en mayor o menor medida en función de nuestra fuerza) del afecto de los demás. Yo soy una persona que gusta de vivir sola. Siempre lo temí, pues aunque deseaba desearla, en el fondo creía que llegado el momento me daría miedo y la soledad me resultaría pesada. Ahora que recién empecé a conocerla, descubro que la soledad era la amiga que tantos años estuve esperando. Sin embargo eso no ha mermado mi necesidad de compartir mundos.

A veces camino triste por las calles de Santiago, porque no puedo compartir tal o cual rincón con mis seres queridos, o quizá porque no he encontrado aquí a esa persona (o esas personas) con las que desee compartirlos, la verdad es que no lo sé. Sólo sé que ésta pasa por ser otra de mis contradicciones: la necesidad de gozarme viajes, rincones y momentos en soledad, junto a la necesidad de compartirlos, de hacer partícipes de ellos a las personas que amo.

Quizá por eso esta muestra de afecto me llegó hoy con tanta fuerza. Hoy Jesús escribió desde España con fotos de mi guagua y, no sé, algo me resplandeció en el interior. Una felicidad que necesité mostrar mundanamente a través de estas líneas. Y que quise compartir con todos ustedes.

Se me cuiden.

viernes, 18 de abril de 2008

rincon de los canallas, d.e.p.



La semilla de la amistad siémbrala por donde quieras que vayas esta germinará... y en la huella que tú dejaste tu imagen perdurará eternamente...

like dylan in the movies

by daratea

miércoles, 16 de abril de 2008

mademoiselle bouisson

Aún a veces, a medianoche, se la puede ver arrojando piedras contra la fachada de una casa blanca donde ondea, cansada, una bandera azul-blanca-y-roja, con una solitaria estrella en su interior. Algunos, dicen, la han visto derramar lentas lágrimas sucias.

miércoles, 19 de marzo de 2008

ella, de la a a la z

Difícil esta entrada... Es como tratar de contener el infinito en un pequeño frasco de cristal, mezclarlo con unas gotitas de nostalgia, unos polvitos de melancolía, una pizca de sensibilidad, y sacar un brevaje digno de la persona que lo ha de recibir. Será difícil esta entrada...

Para entenderlo, ustedes se han de imaginar al Sandmann como un animalito pequeñajo, quizá un roedor o un lemming de los de Daratea, eternamente temeroso de exponerse, de permitir que intuyan el vacío que él mismo cree llevar dentro. Han de imaginarse al Sandmann así, empequeñeciéndose a cada palabra, a cada clack clack clack del polvoriento teclado de su escribanía.

Cuando el Sandmann teme la luz del sol, toma una máscara veneciana, y sueña con ser un gran conquistador o un valiente buscador. De tanto ajada que está por el uso, muchos lo ven por la calle y creen reconocerlo en el disfraz. Mirad, dicen, allá está el Sandmann, mirad con que seguridad camina, él sí sabe adonde va. Y el Sandmann, ocultando su cara tras sus débiles pezuñitas, se teme y se lamenta. No dirían lo mismo de mí si caminara con mi rostro, esplendoroso bajo el sol de invierno.

Por eso el Sandmann se oculta, habla a través de sus alter ego, comparte mundos interiores tratando de buscar la exteriorización que mentes más preclaras que la suya consiguieron. Busca una voz propia entre líneas que le asombran por su brillo. Y estas fueron las que encontró para ella.

A de Amargura
El se detiene, se gira durante un momento, mira detrás suyo. El busca, aguarda…espera que alguien le siga. Le encantaría verla correr hacia él…pero nada…El está sólo.
Sin duda, han esperado demasiado…los dos. Sin duda, es demasiado tarde para esperar sea lo que sea. Sin duda el destino no quiere concederles una década más.
¿Es esto la amargura?

K de Kaleidoscope
Ellos se buscaban sin encontrarse. Como en una galería de espejos, como en un caleidoscopio gigante. Eran hermosos, sus reflejos, tan hermosos…tanto que parecían reales sus dulces sonrisas que se reflejaban hasta el infinito…
Las risas y miradas llenas de ternura se multiplicaban, su alegría creía que también se encontrarían. Pero a veces, ellos mismos no encontraban sus reflejos, y entonces ambos tenían miedo.
Y si el caleidoscopio podía multiplicar la alegría, podía también multiplicar el dolor, la pena las lágrimas…
Hacía mucho que ellos se buscaban el uno al otro…

De la A a la Z, tu nombre. Todos los pasos que diste, e incluso aquellos que no diste. Todas las ausencias guardadas, todas las esperas traicionadas. De la A a la Z, tu nombre.

Brillas con una luz que te es propia, tienes los ojos tan abiertos para captar todo, que a veces no te das cuenta de que te dieron la vuelta y se te cerraron. Ya dijo el maestro que con el tiempo uno acabo siendo esclavo de esto, o favorito de aquello, y no ve una lámpara que sujete inertes hojas de plátano. Quizá eso sea un poco lo que me pasa a mi también, por eso nos encontramos sin buscarnos, pero cuando nos buscamos no nos encontramos. Quizá todo se trate un poco de dejarse vivir, lo que algún otro más prosaico llamaría relajarnos. Los seudópodos bien sabía el genio que eran finitos, que jamás podrían abarcar toda la biblioteca de Alejandría. Nos llevo años comprenderlo, o quizá aún no lo hicimos. Por eso cuando viajamos en tren aplastamos la nariz contra los vidrios, en un intento de aprehender todo lo que danza allá afuera en la oscuridad.

De la A a la Z, nuestra historia. Con todos los pasos que dimos, y sobre todo aquellos que no dimos. Con todas las ausencias guardadas, y con todas las esperas traicionadas. De la A a la Z, el infinito.

lunes, 3 de marzo de 2008

Jes

Jesús se desnuda, y yo abrazo con él la desnudez.

No siempre es fácil expresar lo que llevamos muy dentro. En algunas ocasiones especiales, las relaciones se basan en los silencios, en las verdades íntimas compartidas, como cuando nuestros padres se miraban en años de dictadura, sentados a la mesa de unos suegros recios, y compartían inquietudes y esperanzas.

En la carta que Jesús quiso compartir conmigo (y de la que no arriesgaré a ilustrar algunas líneas, pues me merecen los más profundo respeto y admiración), algunas de esas verdades que los dos sabemos, que los dos sentimos, fueron verbalizadas. No siempre es fácil verbalizar lo que sentimos. A veces lo tememos porque, al hacerlo, dotamos de realidad aquello que nos asusta o inquieta. Otras veces, porque pensamos que al hacerlo real pueda evaporarse esa magia que lo sostiene, que lo sustenta (Roma, en tiempos de Marco Aurelio, era sólo un sueño que, si no lo susurrabas a baja voz, corría el riesgo de desvanecerse).

Entre chicos (me resisto aún a decir entre hombres), verbalizar lo que sentimos, hacer patente lo latente, cristalizar los sentimientos, es todavía más difícil. Hablar de Daratea es insultantemente sencillo, basta dejar volar la imaginación. Hablar de Liz requiere alguna ignota dificultad, pero transportado por su olor puede alcanzarse un cierto punto desde el que llegar a una suerte de comunicación. Líneas sobre otras personas queridas irán surgiendo con la resistencia o fluidez que dicte la siempre esquiva inspiración. Pero sin duda, desnudarse ante los ojos de una mujer es más sencillo que ante la gemela mirada de un compañero. Por eso valoro tanto estas letras de mi amigo Jesús. Por eso le digo que podría suscribir todas y cada una de las líneas que me dedica. Y por eso, le confieso que no podría encontrar mejores palabras que las que me ha dedicado.

Si hay algo que siempre he admirado de él, son sus innatas sencillez y humildad. Con más motivos para ser admirado que cualquier persona que conozca, se alimenta por igual de la satisfacción del triunfo silencioso y del callado reconocimiento. Nunca gustó de las exaltaciones de su brillantez. Nunca alardeó de su terrible bondad, ni de su candidez humana. Nunca lamentó su retraso en la entrada al mundo adulto, ni el rechazo de aquellos que no alcanzaban a tolerar su genialidad. Convivió con esos y con otros obstáculos, y cuando los superó con gallardía y voluntad, nunca se ufanó de ello, ni cayó en las redes de la venganza. Quizá por la satisfacción del triunfo silencioso, todos los días se levanta y se entrega con amor y devoción a la vida. Quizá por eso le sonríe, y la recibe con gozo. Quizá por eso, la toma y disfruta más de lo que cualquiera de nosotros hacemos. Quizá por eso lo admiro, y busco en su aprobación la esperanza de que este viaje, el viaje de la vida, siga teniendo algo de sentido. Y junto a él, Brindo por lo desconocido.

sábado, 23 de febrero de 2008

os llevo en mi tambor

Todos saben que las aves migratorias
siempre encuentran
el camino de regreso.

la sinceridad de los polos opuestos

(el Sandmann, a las 5 de la mañana y en un estado de embriaguez semi-comatoso, tras una conversación entre lo surreal y lo anecdótico con Liz Norton, se decide a recrear las siguientes memorias, reflejo de una noche de jazz y de humo, en un local llamado Taifa)

Daratea dixit: la cosa es que Sandmann es un poco tío-tía.

Sandmann, interrumpiendo su ebrio discurso para apreciar la trompeta de Chet Baker, añade: hombre, Daratea, aquí lo que está claro es que tú eres una tía-tía. Liz, tú eres una tía. Y medio-limón, tú eres una tía-tío.

Daratea apostilla: Sí, eso es un poco lo que pasa: es tan importante compartir mundos! (sueña Daratea). Yo, como tía-tía, estimulo a mi pareja, la introduzco en mi torrente de creación, pero, sabes Sandmann? en el fondo estoy un poco a la espera de ese tío-tía que me estimule, que me arrastre un poco, y dejarme llevar yo por esa corriente que me supere.

Sandmann, hipertérrito, añade: Pero en el fondo al final acaba saliendo nuestro yo natural. La naturaleza nos puede, y aunque saudemos con un tío-tía que nos arrastre, en el fondo nos acabaría quemando. Nuestra naturaleza nos revienta, y al final, como le paso a Liz, por defecto y por exceso, acabamos quemándonos.

Liz, con su sonrisa de vendedora de fósforos, interviene: Lo que yo saco en claro de todo esto es que yo soy una tía-gris. En el fondo, tu postura como tía-tía o como tía-tío depende del contexto en que te metas. Con alguien puedes ser tía-tía, pero con otro puedes ser tía-tío en función de los roles que adopte cada uno. (Como se puede ver, su formación de post-grado derriba nuestros tristes clichés preestablecidos, podres mortales estudiantes de grado...).

Sandmann, con su cariño incolume, la tranquiliza: No es eso, chica. Tú puedes comportarte como quieras en función de "la circunstancia", pero al final, tu naturaleza te revienta, y necesitas de un tío-sólo-tío que de alguna manera te complete y te permita desarrollarte como tú eres.

Liz, implacable en su postura, concede: Entonces estamos sólo divagando sobre mi teoría de los equilibrios!

Daratea, que tras cuatro párrafos sin intervenir ya se quiere comer la mesa que sujeta más de una docena de botellines, salta: Claro, pero por eso es tan importante saber si tú eres tía-tía, tía-tío, tío-tía, o tío-tío!!! Yo me quejo porque comparto mis horas con un tío demasiado tío.

Liz se lamenta en baja voz: Qué me dirás a mí, que hasta se enorgullecía de su hombría de tío-tío...

Daratea continúa: Yo quiero alguien que comparta conmigo sus mundos. Que yo le diga "saudade" y vea en sus ojos algo de comprensión, que se emocione con las últimas líneas de este o aquel libro. Pero en el fondo, yo Tengo que llevar ese papel. Luego alguien así sería superior a mis fuerzas y acabaría por agotarme.

Medio-limón, estupefacta ante las rayaduras de sus contertulios, aventura: Pero en el fondo de lo que estáis hablando es de ser activo o pasivo, de arrastrar o de dejarse llevar.

Sandmann, que detesta ocupar un segunda plano, tío-tía hasta la médula, añade: Pero no es sólo eso. Tío y Tía son sólo unos términos. Desde la prehistoria (arriesga con el dato temporal...) el hombre ha sido el cazador, enfocando su mirada en un punto, y haciéndose especialista en ello. La mujer, recolectora por naturaleza o cultura, tenía una visión periférica, luego abarcaba en su mirada un espectro mucho más amplio y más rico de la realidad.

Daratea lo secunda: Es un poco como tu padre, acomodado en el sofá con su tele y sus periódicos, y tu madre, que desea compartir sus preocupaciones e inquietudes más allá de como ella misma las ve.

Medio-limón, un poco escéptica e incluso terminológica, cierra: Yo lo que no entiendo es la terminología, en el fondo ni tío ni tía ni ná!! Lo que estais hablando es de ser activo o pasivo en una relación!

A baja voz, se oye lamentarse al Sandmann: Del vano intento de compartir mundos... En el fondo, todo está en el blog...

jueves, 14 de febrero de 2008

liz norton

Las limitadas letras se unen entre sí para crear palabras, que se cuentan por millones entre las múltiples lenguas. Estas se combinan para dar lugar a la implacable frase, cuyos límites parecen ya infinitos. No obstante, como nos aclaraba un ciego Borges en "El inmortal", No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.

Cuando intento hablar de ella, el lenguaje (o al menos la más imperfecta de sus formas: el lenguaje escrito) muestra más que nunca esta misma limitación que aqueja al arte, e intentar comprehender el infinito que supone su sonrisa o su mirada en unas pocas líneas se me antoja una herejía. No obstante siempre he sido un poco hereje.

Entre sus pequeñas idiosincrasias se cuenta la de ser una habitante de la nostalgia de cabellos plateados. Liz Norton tiene la habilidad de llenar con su presencia la sala en que se encuentra. Con los alargados brazos de una hiedra venenosa, te pica en las noches de insomnio como una rueca urbana, y ya para siempre eres un exiliado de su presencia, de su olor. No cuesta imaginarla sentada a su piano, regalando notas a la noche de Granada, bebiendo un eterno té, y navegando por sus sueños, quizá con demasiado miedo para dar este paso y este otro para alcanzarlos, con ese ancestral temor a si misma, ese temor de defraudarse, de no llegar a ser quien de hecho ya es. Cierras los ojos y estás allí, a su lado, dejándote arrastrar por sus cálidas notas, observando la silenciosa espalda sobre la que descansa su pelo. Con Liz las distancias no importan. El recuerdo de su olor es tan vívido que basta para tenerla siempre a tu lado. Kilómetros, ciudades, circunstancias, nos han separado quizá más de lo que fuera justo. Nuestros caminos vuelven a divergir en este Febrero tramposo de sol y viento, pero una vez más, se que su olor me acompañará hasta esa tierra de roca y sal que es el sur de América. Y cuando desde mi ventana contemple la majestuosidad de los Andes que asedian Santiago, viajaré hasta Granada, esa ciudad hermana igualmente acorralada por símbolos de invierno, para dejar que su veneno se me inocule un poco más. En este juego sin fin que jugamos desde hace ya tanto.

lunes, 11 de febrero de 2008

daratea

Nunca vi un tipo con tanta magia en las manos, nunca tuve un hermano más alegre. Reía, cantaba, musicaba, saltaba, inventaba, chisporroteaba. Pobrecillo, tenía todos los dones del mundo, y así como fue un trabajador de oro, un abejón colmenar de la gran poesía, era un manirroto de su ingenio.
- Escucha - me decía, tomándome de un brazo-, ves esa ventana? No la hallas chorpatélica?
- Y qué significa chorpatélico?
- Yo tampoco lo sé, pero hay que darse cuenta de lo que es o no es chorpatélico. De otra manera uno está perdido. Mira ese perro, qué chorpatélico es!

Intentar hablar de Daratea resulta tan difícil como imaginar una vida sin ella. Incluso las palabras de Neruda la rebajan, limitan el torrente de creación, de evocación, de vida, que era Daratea. Caminar con ella por las calles de una ciudad que conoció el esplendor y la humillación, mantener una conversación sobre el perechorno en el matrominio y el cuatrimonio, y sufrir insólitas interrupciones porque la columna de humo que se levanta en el horizonte adquirió la forma de un armiño, eran placeres que serán difícil de sustituir. Compartía con placer y sin racanería sus líneas más memorables, te hacía partícipe de su último descubrimiento literario con la misma pasión con que luego desdeñaba una conversación sobre él, porque en su mente ese autor formaba ya parte del pasado. No recelaba de sus miedos, pero sólo los compartía enmascarándolos de juegos, como la rayuela que tanto le gustaba saltar. Reía con violencia y hasta con generosidad. Escapaba de la prisión de los relojes, sabedora de que quien te regala un reloj te regala un infierno florido. Se fue sin mirar atrás, corriendo en busca de un destino que ni ella misma comprendía, movida por la misma fuerza interna que, en tardes de Avenida, conoció en esos lemmings que buscan el océano que sacie su voracidad interior.

del perdón

espero que no pienses mal de mí si lloro mientras escribo estas líneas

no sé cómo empezó la cuenta atrás que lleva de un beso hasta el final, no sé dónde nos llevarán las piedras del camino, no sé desde cuándo tú recorres uno y yo otro, quizá desde hace ya demasiado como para que volvamos a encontrarnos entre tanta maleza. No sé en que encrucijada dejamos de luchar. como nos recuerda ismael, antes de rendirnos fuimos eternos, y es cierto que lo fuimos. Tú y yo lo fuimos. Quizá por eso a veces tu cara se me aparece tras los cristales de las cafeterías que comparto con otras personas, o creo adivinar la curva de tu espalda en la de la mujer que descansa en mi cama, aunque sólo contigo era yo el que dormía en la parte húmeda del colchón después de hacer el amor. Todavía nos encontramos a veces, pero bien sabe el tiempo que ya no es lo mismo. Yo creo que nunca podré dejar de amarte, porque ¿acaso deja de amarse alguna vez a quien se ha amado? Pero ya nada es lo que era, y por eso quería hablarte del perdón. Las explicaciones, las palabras, los innecesarios datos siempre sobran. Dos personas que no se entienden con una mirada, con un suspiro, con un eterno latido del corazón, jamás entenderán siglos de justificaciones. Sólo quería decirte que siempre estaré a tu lado, que siempre mi sombra estará detrás de ti, para empujarte a dar este paso y el siguiente, nunca para evitarte la caída. Esas caídas nos han hecho crecer, y han llenado nuestra mochila de recuerdos que miramos con nostalgia las tardes grises, pero con saudade las mañanas en que el sol vence al invierno. No sé porque quería escribirte esta innecesaria carta, quizá porque necesitaba hacerlo. Quizá estas hayan sido las líneas más difíciles que jamás he escrito, pero también fueron las más fáciles pues salieron desde lo profundo. Desde donde no acertamos a mirarnos sin vértigo. Ese vértigo que aterra pero seduce.

viernes, 8 de febrero de 2008

tratado de la saudade (3)

Y tú
quién sabe dónde estás...
alma frágil.
Que me escuchabas, inmóvil,
y sin reir.

Y ahora tú,
quién sabe dónde estás...
habrás encontrado amor
o como yo
buscas sólo aventuras
porque no quieres llorar más...

...y la vida continúa también sin nosotros
que estamos lejanos ahora
de todas aquellas situaciones que nos unían
de todas aquellas pequeñas emociones que bastaban
de todas aquellas situaciones que no vuelven jamás
porque con el tiempo cambia todo
lo sabes
cambiamos también nosotros
cambiamos también nosotros...


cambiamos también nosotros...