domingo, 21 de junio de 2009

ser de izquierdas (2)

¿Qué es ser de izquierdas? ¿Acaso es algo más que una postura estética? ¿Algo más que caminar con el labio torcido y lamentar en camarilla las vilezas que se cometen en el día a día? ¿Algo más que reuniones y cenas con los amigos, a media luz, entregados al arte de criticar nuestra vida burguesa, como si con ello la anuláramos? ¿Algo más que una vacía declaracion de intenciones traicionada a cada paso, a cada segundo? ¿Ser de izquierdas es saber que todo esto no es más que vacía lamentina, pero creer que esta lamentina nos hace de izquierdas?

viernes, 19 de junio de 2009

carta

Necesito hablar contigo pero no estás aquí, así que te escribo. De todas formas, muchas veces lo que llamamos hablar entre nosotros consiste en soltar una letanía y saber que el otro la lee y la comparte, ¿no es cierto? Por eso podemos pasar años separados y siempre sabemos que el otro está ahí, que quizá es la persona que más nos acompaña en cada uno de nuestros viajes. Porque en cada recuerdo, en cada pensamiento o palabra, sabemos que está ahí con nosotros, como un vigía secreto de nuestros pasos.

Pero hoy tengo la especial necesidad de hablar contigo, no sé. Hace mucho que no compartimos neologismos más allá que de forma virtual, hace tiempo que nuestros culos no deforman el tapizado de una silla cualquiera de un bar cualquiera -o calientan la madera de un banco- mientras los demás nos miran con incomprensión.

Cuántas veces hemos confundido esa incomprensión con halago. Incluso con envidia y con admiración. Y sin embargo no, bajo esa incomprensión sólo flota una confusión, el pensamiento de que somos dos almas extrañas que o bien tienen mucho tiempo para aburrirse o muchas ganas de regocijarse en sus propias miserias.

¿Recuerdas esas calles de Granada? ¿Recuerdas la sala de esa iglesia improvisada museo? Cómo nos sentíamos especiales cuando recorríamos sus piedras hablando del posmodernismo, cuyo corolario es nuestra actitud de sempiternas lenguas en constante dialéctica. Pero quizá por eso tengo hoy tanta necesidad de hablar contigo. Porque esa dialéctica -aunque a veces me duela admitirlo- me falta. Cómo la echo de menos en las personas que encuentro. ¿Tú la encuentras en él? ¿O has optado por las pequeñas huidas de fin de semana como hago yo, hacia un blog, o un bloc, o una charla introspectiva?

La verdad es que quizá la comunicación sea la mayor de las utopías. ¿Recuerdas cuando se empeñaban en que debía hacer una tesis y yo me negaba obstinadamente porque no quería pasarme el resto de mi vida leyendo de forma condicionada? Pensaba que cuando te especializas tanto en algo, todo lo ves bajo el tamiz de su cristal, y no quería eso para mí, siempre a la defensa de mis cada vez más asentados seudópodos. Pero con tesis o sin tesis la verdad es que al final he acabado haciéndome favorito de esto y no de aquello, y creo que si esa tesis existiera algún día sería sobre la comunicación. Mejor aún, sobre la imposibilidad de la comunicación (¿no es acaso este blog un ejemplo viviente sobre la imposibilidad de compartir mundos?). El problema es que esa tesis, para ser honesta, debería contener exclusivamente páginas en blanco. Como digo siempre, "quien quiso entender ya lo hizo", y no me cabe duda de que ante la explícita página en blanco al menos un miembro del tribunal me distinguiría con el Sobresaliente cum laude. Si no fuera así es que ha dejado la pena intentar salvar el mundo de la docencia (o cabría decir "de la indecencia", haciendo aliteración analógica).

En el fondo todo lo que leo o escribo esta orientado hacia la comunicación, como hace algún tiempo lo estaba hacia la nostalgia. ¿Acaso no es Pastoral americana un monumento a la incomunicación, a las máscaras que nos condenamos a llevar ya sea en la más ímproba de las actitudes norteamericanas, ya sea en la más extremista de las religiones orientales?

Por eso últimamente, y aunque lo necesito tanto, me canso tan fácilmente de escribir, de intentar comunicar. Me da una pereza infinita empezar a construir y deconstruir un discurso, pero siempre me obligo a ello. No para epatar, no para sorprender y desde luego no para adoctrinar. Sólo porque necesito algo de estructura en esta cada día más abotargada mente. Mis pensamientos cada vez más se parecen a un cuadro impresionista. Esbozos, bocetos, difuminaciones. Como las esculturas inacabadas de Miguel Angel sobre los esclavos cautivos. En cuanto algo empieza a despuntar, a cobrar forma, le salen cien brazos en direcciones opuestas, y no puedo ver la luz sin la sombra, el ying sin el yang. Las ideas giran en una nebulosa y siempre se suman nuevos trazos al lienzo, como un último matiz que da al tapiz un trazo distinto.

En fin, quería escribirte y ya lo he hecho. Creo que me siento algo mejor, al menos han disminuido las ganas de correr y de gritar. ¿Te das cuenta como siempre recurrimos a las mismas imágenes? Una chica que baila descalza en un parque, una niña que sostiene la mano de un anciano, una persona gritando su silencio desde una roca en la cima de una montaña. ¿Será verdad eso que dicen que no hay conversación o discusión en la que no asumamos una postura ya descrita por el pensamiento aristotélico o platónico?

Bueno, igualmente a ti y a mí siempre nos entretuvo ese juego infinito de espejos, ¿no es cierto?

Cuídate, y espero verte pronto.

todo en este mundo necesita su tiempo

Lo peor de estar en la distancia no es la distancia en sí, no son los implacables metros que separan, no es ese inacabable océano mar que parece eterno. Lo peor de la distancia es la incomunicación. Es no poder recurrir a Daratea, a mi madre, a mi hermano, a Ana o a ti para sentarnos a hablar y dejar que corran las horas muertas. Mi amor por la soledad siempre se ve contrapesado por mi necesidad de compartir mundos, temores y rumias, visiones y esperanzas. Necesito hablar de la pastoral americana y de la pastoral universal, necesito hablar del otro que es uno mismo tras el inevitable curso de los días, necesito compartir que es una pena no ser ave de paso, ni proa que acuchilla siete mares.

jueves, 11 de junio de 2009

¿dónde está la izquierda?

Hoy el tema viene espeso. Hoy miro un poco desde la distancia (material, que no geográfica) el curso que está siguiendo la política a nivel internacional, y no puedo sino preguntarme: ¿dónde olvidamos la honestidad?, ¿cuándo perdimos el rumbo?. ¿Hemos alcanzado realmente el tan preconizado final de la historia?, ¿han muerto las ideas tras la caída del muro de Berlín?

Me sorprende como, apenas 50 años atrás, unos ideales, la lucha por las necesidades, ese sueño de otro mundo mejor, bastaban para movilizar a millones de personas en busca de un verdadero cambio. Y no es una cuestión meramente nostálgica de idealización del pasado: realmente hace poco más de un siglo comenzó una verdadera revolución cultural en la cual los oprimidos (hay que recuperar ese lenguaje que tratan de vendernos como obsoleto y fuera de contexto, ese lenguaje de aquellos que -aunque dicen que sólo justifican sus vilezas personales en el superior ámbito de "la lucha"- se atreven a levantar la alfombra y ver la mierda que llevamos años escondiendo debajo) soñaron con otro mundo posible, de fraternidad, donde los países no fueran territorios separados por una caprichosa frontera, compitiendo entre sí para ver quién lidera la carrera del PIB, la carrera armamentística, la carrera nuclear, la carrera espacial. Soñaron el mundo no como una carrera de todos contra todos, sino como una carrera contra el hambre, una de esas carreras en las que no importa quién gane, sólo importa sumar participantes por una causa común.

A esa gente, a esos luchadores, se les dio el nombre de izquierda, el nombre de progresistas. Hoy, nos han vetado hasta el lenguaje. Progresista viene de progreso, y el progreso se consigue mediante la acumulación de riquezas, de tecnologías, de bienes. Izquierda es esa idealizada visión del mundo de los que son tan ingenuos como para creer aplicable algo que sólo funciona en la teoría, algo que la cruel realidad del hombre derriba. Incluso se permiten concedernos la victoria moral de nuestras ideas (que no ideología), diciendo "si yo estoy de acuerdo que el comunismo-socialismo sería lo ideal, si está claro que en teoría es lo mejor. Lo que pasa es que en la práctica no funciona, en la práctica acaba siendo una dictadura mucho más represiva que la del capitalismo, como demuestran los ejemplos de Rusia, China o Cuba".

Y nosotros agachamos la cabeza, miramos para otro lado avergonzados, y callamos. Concedemos la derrota de una idea, les entregamos voluntariamente el lenguaje, y aquello que no se nombra no existe, o existe tergiversado en función de quien, dando nombre al mundo, lo reinventa.

Y yo me pregunto, ¿dónde está la izquierda? ¿Dónde estamos todos aquellos que miramos el mundo y nos avergonzamos, todos aquellos que viajamos a Latinoamérica, a África, a Asia, o a los suburbios europeos y norteamericanos, y nos sentimos deshonrados? ¿Dónde estamos aquellos que sentimos como una ofensa el hecho de que bajo nuestro nombre y con nuestra connivencia tácita todas estas aberraciones sean posibles -es más, que seamos los causantes-? ¿Por qué si hace menos de un siglo una idea bastaba para movernos, para indignarnos, para inventar otros mundos posibles -aunque fracasaran, aunque en algún momento se desviaran-, ahora no basta siquiera para hacernos salir del sofá y depositar un voto en una urna? ¿Quizá porque las opciones han desaparecido? ¿Quizá porque la izquierda, para sobrevivir, ha ido avanzando poco a poco con tanta determinación hacia el centro que cuando votamos entre A y B (no soñemos siquiera ya con votar entre A y Z) sabemos que estamos votanto entre A y A'?

El discurso puede beber de numerosas (quizá demasiadas) fuentes. Quizá el muy ilustrativo ejemplo de Tony Blair quede muy lejos de contexto, pero en España tenemos uno parecido: el ejemplo de Zapatero.

Cuando empezó a salir por televisión, a mí me sorprendió enormemente una foto suya, aún joven -con la mirada aún despierta de aquél que se pregunta-, sentado asistiendo a un discurso si no me equivoco de Felipe González. En sus ojos se leía toda una historia: de esperanzas, de sueños, de proyectos, de cambios. ¿Qué queda de esa fotografía en el gris presidente que hay hoy en España? ¿Qué de su forma de entender la política como una entente cordial? ¿Cómo ha podido caer tan rápido en la trampa del muro contra muro, dejando además que sean los otros los que decidan dónde construir ese muro y qué reglas del juego darle? ¿Por qué abandonó su idea de honestidad, de alianza de civilizaciones, el discurso por la paz? ¿Por qué aceptó las reglas de los otros, su constante lucha dialéctica, su hipocresía y falsedad? ¿Por qué? Realmente me pregunto, ¿por qué? La respuesta me parece tan sencilla como triste: porque cayó en el mismo error de confundir el fondo del discurso, de las ideas.

La izquierda no puede competir con la derecha en sus mismos términos. Es como si una persona de 2 metros le dijera a una de 1,50 "¿a ver quién llega más alto con la mano?". Es incompatible llegar muy alto con la mano con tener una estatura baja, y competir en estos términos no hace a la otra parte sino reírse de tus vanos intentos de estirar el brazo más allá de lo natural, dándole a tu discurso un aire de apagafuegos que no lleva a ninguna parte. El problema de Zapatero, el problema de eso que nos dicen que es la izquierda pero que desde luego no promueve nuestras ideas, es que se ha ido desplazando tan progresivamente hacia la derecha que no se ha dado cuenta (aunque yo creo que sí que se han dado cuenta perfectamente) de que ha entrado en el terreno de juego de los otros, con las reglas que estos marcan y que por tanto conocen y pueden ir modificando a su antojo, mientras que esa izquierda-que-ya-no-es-izquierda baila al son que le tocan intentando no perder el ritmo.

Parece que la gente que aún cree en esa izquierda no se ha dado cuenta todavía de que a la derecha no le importa la falsía, que nunca le ha importado. Defienden un sistema de mercado autorregulado, que es como meter en la misma piscina un banco de sardinas y un par de tiburones y dejar que se intenten comer entre ellos a ver quien gana, y lo venden -sabiendo que es radicalmente falso- diciendo que los más beneficiados de tal sistema serán sin duda las sardinas. Y no se preguntan por qué entonces los tiburones gastan millones en sus campañas de publicidad, a través de sus diarios y emiroras, etc. en promulgar su credo. ¿Para beneficiar a las sardinas o para dar aguas libres a los tiburones que ellos mismos encarnan? (Y habrá quien diga "pero si al PSOE también lo apoyan PRISA y muchos otros empresarios!". Bueno, quien todavía no haya entendido de qué va la izquierda que defiendo mejor que deje de leer aquí).

Por eso -volviendo a la pregunta del inicio- la izquierda ha perdido la capacidad de movilizar a la gente: porque aquellos que sabemos de qué hablamos cuando hablamos de izquierda nos damos perfecta cuenta de que ya no existe.

Mientras, esos que siguen llamándose de izquierdas se lamentan de la abstención, diciendo (como es cierto a medias) que la abstención perjudica a la izquierda (y digo cierto a medias porque perjudica a "su" izquierda), y en vez de preguntarse dónde está esa izquierda, lo que hacen es abogar por una participación contra la derecha, abogar por un voto útil, abogar por A' en vez de por A. En vez de decir "¿qué estaremos haciendo mal para que la gente realmente no vaya a votar, para que la gente no vea al final de estas nubes grises un jirón de luz, un poco de esperanza?", echan la culpa al perezoso votante de que por su abstención volverá a gobernar la derecha, lo cual sin duda es peor para todos. Pero yo me pregunto, ¿hay realmente diferencia entre un potencial gobierno de la derecha en España y el que actualmente hay? ¿No será quizá porque la respuesta a la anterior pregunta es "no" por lo que la gente se queda en casa?

Cuando en la mirada de Zapatero brillaba algo, la gente salió a la calle. Cuando Obama propuso un discurso distinto, la gente salió a la calle incluso en Estados Unidos. Y ni uno ni otro son ejemplos de izquierda, de la izquierda en la que yo creo. Pero al menos son ejemplos de ilusión, son ejemplos de la esperanza de que al margen del camino hay otras vías esperando, aunque las suyas discurran muy paralelas a la vía principal.

A aquellos que creemos en ese otro mundo posible no se nos gana diciéndonos que pronto volveremos a crecer al 3%, no se nos gana peleándose sobre quién robo más o mejor, sobre los trajes de un tal señor Camps o los muertos de un avión Yak-42. Se nos gana construyendo alternativas, se nos gana cambiando los términos del debate. Sabemos que la felicidad no está en el crecimiento constante de los bienes a poseer.

Nuestro progresismo no consiste en llegar los primeros a la meta corriendo con tanta fuerza que no nos queden energías para mirar atrás y ayudar a los que se quedan rezagados, o que ni siquiera podamos disfrutar del paisaje por el que transitamos. Nuestro progresismo consiste en un paseo fraternal, no en una competición bajo unas reglas que ni contribuimos a establecer ni compartimos. Dentro de 20 años quizá sean posibles los viajes espaciales, o la teleportación instantánea de un lugar a otro del planeta, o tener la biblioteca de Alejandría en un microchip en el cerebro, o yo qué coño sé qué será posible. Y nos dirán "sólo gracias al progreso esto es posible, si no hubiéramos seguido por esta vía seguiríamos teniendo que viajar en avión, o comprando molestos libros", y volviendo a tergiversar el discurso seguiremos diciendo toda la vida "sí, pero...". Y algo seguirá fallando dentro de nosotros y no sabremos cómo verbalizarlo: tan seguros se muestran ellos en sus aseveraciones que por fuerza deben ser las nuestras las erróneas.

¿Dónde está la izquierda? La izquierda está dentro de nosotros, está en ese "si, pero..." que no podemos dejar de hacernos. Parece que la importancia del factor personal -Blair, Zapatero, Obama (sic)- no arroja soluciones. Habrá que buscarla en otra parte. Yo estoy más que preparado para ello. ¿Me acompañas en este viaje?