lunes, 23 de junio de 2008

él y ella, ella y él

Ella ilumina mi vida con su sonrisa. El es el vigía secreto de todos mis pasos. Ella me empuja a vivir la vida intensamente. El sufre en silencio todas mis ausencias. Ella intenta protegerme de los envites de la vida. El quiere que sea yo quien sortee las piedras del camino. Ella arriesgó todo por darnos una oportunidad. El dejó atrás sus sueños por satisfacerla. Ella soñó con ser quien hoy es. El la sueña en cada luna solitaria. Ella pisa tan fuerte que la tierra tiembla ante sus pasos. El camina despacito (que las prisas no son buenas). Ella es mi madre. El es mi padre. Ella y él siempre guiarán mis pasos, y por él y ella siempre daré uno más hacia delante. Ellos son mi guía, mis confesores, mi bálsamo cuando el mundo me duele. Ellos son mi origen y mi destino, mi principio y mi final. Y a ellos quería dedicarles hoy, al final de tantas cosas, cuando concluye mi primer cuarto de siglo junto a ellos, estas líneas de amor y de devoción. Gracias por haberme dado todo. Gracias por existir.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicidades por tener esos padres y por tu cumpleaños! :)

Besos

Rocío dijo...

A ver, Antonio, deja de escribir artículos conmovedores que me tienes hecha una magdalena!! Felicidades por tu blog. Me gusta.
Un beso tierno de tu eterna cuñada.
Rocío.

sandmann dijo...

Querida cuñada (igual que hay improntas que nunca se borran, igual que Marías nos enseñó que es imposible desaparecer el cerco de una mancha de sangre, hay parentescos que nunca se pierden, aunque las definiciones del diccionario no lo incluyan más entre sus acepciones):

Me alegra mucho leerte en mi espacio. Intenté visitar Los mundos de Rupi, pero se me negaba el acceso, como se le niega a un forastero que viene de otro planeta.

¿Por qué nos es más fácil expresarnos por escrito que en persona? ¿Por qué las palabras más dulces las vertimos sobre una hoja en blanco, y no ante la mirada de la persona a quien van dirigidas? No lo sé, la verdad es que es algo que no sé. Imagino que, porque al escribirlas, podemos darles una solemnidad que replicada a viva voz nos harían parecer unos anacrónicos personajes de Shakespeare. O porque sostener una mirada cuando desnudamos nuestro cuerpo y nuestra alma se nos hace aún demasiado difícil, por eso hacemos el amor a media luz, y las buenos noticias las damos en voz baja.

Escribir en un espacio público es traicionar un poco la dignidad de lo escrito. ¿Por qué escribo lo que escribo? ¿Quién escribe eso que brota de mí pluma o del abismo de mí teclado? Cuando vuelvo a leer algo que he escrito en el pasado, incluso algunas semanas atrás (otras veces es más intensa la brecha y me ocurre incluso con lo que escribí horas antes) no lo reconozco como algo "mío". Me parece como si otro "alguien" hubiera escrito esas líneas, y no puedo evitar preguntarme siempre: ¿quién es ése que desde dentro de mi se expresa a través de mis manos?.

En fin, no quería divagar, y menos aún cuando toda la respuesta que quería darte era un sonoro "¡Gracias!". Gracias por estar ahí siempre, y gracias por cuidar con tu sombra a mi hermano. Te abrazo con cariño desde la distancia.

Antonio.

Rocío dijo...

Pequeño Antonio,
No me des las gracias por estar aquí, porque ya no es algo que yo pueda elegir. Tu hermano, dentro de mi alma para siempre, fue en un momento un punto de unión. Al pasar los años (ya van más de diez...! somos viejitos...), su función se ha vuelto inútil y eres tú, Adela y Paco los que me hacéis volver una y otra vez para veros, saber de vosotros y seguir queriéndoos.
Mi cuñadito, mi hermano pequeño, el eterno "chicote" (jeje)... te estás convirtiendo en un tipo muy interesante. Sigue así y sé muy feliz. Quiero verlo.
Un abrazo entrañable,
Rupi.

sandmann dijo...

Sólo quería mandarte por aquí, donde quizá nos lean menos, un beso inmenso de amor y cariño. Nos vemos en navidades por estas lejanas tierras. Te quiero. Antonio.

Rocío dijo...

Esto se pone interesante. Yo a ti también, pequeño. Mucho.
Rupi.