martes, 22 de enero de 2008

piedras en el camino

Inciertas son siempre las piedras que marcan el camino del viajero. Condenados, dejan tras de sí eterno hilo de Ariadna, que jamás podrá guiarles de regreso a casa, pues pesa sobre ellos la maldición de Eurídice. Condenados, al vagar y a la carcoma, al horizonte y a la zozobra. Cazadores de instantáneas, sembradores de esperanza, recolectores de sonrisas. Condenados, a los recuerdos y a los olvidos. A los olores.

Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonído que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva.

1 comentario:

R. dijo...

y que mejor mapa que el cuerpo, escribir el viaje en el cuerpo, y vivir en un exilio permanente del recuerdo y la memoria

Saludos,
R.