· Declaración de intencionesHe de serte sincero, no todo el mundo puede ser buscador. No todo el mundo tiene la percepción, el valor y el espíritu para convertirse en buscador. Algunos no pueden porque no quieren, otros no quieren porque no pueden. Porque eso sí, para ser buscador hay que querer y hay que poder.
No pretendo hacer una guía completa de “Cómo ser un buscador” (más que nada porque nosotros mismos no sabemos muy bien lo que hacemos), sino un pequeño apoyo para las personas que decidan saltar al precipicio de lo desconocido.
Nadie se convertirá en buscador a menos que se esfuerce mucho (creedme en este punto, lo sé de buena tinta). Ser buscador no es un camino de rosas, de hecho, puede que sea el camino más duro que se puede escoger, pero puede que sea el más gratificante.
· Definición de buscador
Seguro que te estás dando cuenta de que te falta algo, que hay una pieza en el puzzle de tu vida que no encaja. Te das cuenta de que cada día son el mismo día, que la rutina empieza a robarte una parte de ti. Te das cuenta de que toda esa gente que conoces no la conoces en verdad, que tu vida es un gran baile de disfraces, de esos que al dar las doce todo el mundo se descubre. Pero que al llegar la hora nadie lo hace, todo es falso, superficial. Te das cuenta de que todo es mentira, de que quieres la verdad.
A un buscador también le falta algo, pero no se queda donde está, enterrado en panchitos viendo reality shows o rodeado de gente bien. Un buscador abre la ventana y deja que entre el aire en su vida. Un buscador no es distinto ni igual, ni bohemio ni convencional, un buscador es él mismo. Toca, besa, siente, respira desde el corazón, desde la habitación más oculta del alma. Los límites de un buscador son las estrellas, aunque para encontrar lo que le falta rasca un poco de ellas. Para un buscador no hay muros. Su cara no tiene ventanas, ni puertas ni sillas. Su cara son los árboles, las gotas del rocío, las estepas solitarias, las calles bulliciosas, y los mercados pintorescos que huelen a especias. Su idioma es el de las mariposas una tarde de primavera, el de los truenos una noche de tormenta y el de los sauces un día de viento. Su ley es un café aguado en una cafetería, el agua de la fuente en medio de la montaña y la arena de la playa acariciando sus pies.
· Comienza ya
Sabes lo que es un buscador, el siguiente paso lo decides tú. Puedes seguir siendo lo que eres, uno más en un bloque de pisos, uno más viendo la televisión o uno más en la telaraña esperando a ser devorado. O puedes vender tu piso, abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, y escapar de la telaraña. Nadie te puede imponer el camino, ni dónde debes pisar.
Debes decidir.
Primero, prepara el ordenador o la máquina de escribir (si no tienes, utiliza papel y lápiz). Si tienes que ir al cuarto de baño, ve ahora. Bebe agua. Siéntate enfrente de tu instrumento de escritura y empieza a hacer una carta de dimisión. Mándala por correo. Coge la mochila más grande que tengas y llénala de ropa. Mete también una libreta y un bolígrafo. Ponte unas zapatillas cómodas y coge una sombrilla.
Ve a la estación de autobuses (o de trenes) y compra un billete, el primero que salga, no te des tiempo para cambiar de idea. Cuando llegues, piensa que nadie te conoce, que para ellos no eres el hijo de fulanito, ni el sobrino de menganito, para ellos eres tú, sólo tú. Eres un buscador, así que fíjate en cada detalle, en cada sonrisa, en cada grano de arroz, en cada alcaparra, en cada palabra.
· Para momentos difíciles
Estarás bajo un techado de uralita, mientras llueve a mares en no sé que sitio perdido de la mano de Dios, o en un bar en medio de ninguna parte, maldiciendo mi nombre por haber escrito esto, o perdido en un bosque días, porque tu suerte no vino y te dijo que se tomaba unas vacaciones. A lo mejor estás en un hospital de Nueva York con la pierna rota, y a lo peor estás en una fría cárcel de Tailandia.
No te preocupes (o no demasiado), estás ahí porque leíste la letra pequeña del contrato de la vida. Piensa que vale más la pena ser libre en un manglar siendo comido por los mosquitos, pero feliz, que en tu casa esclavo del marketing y la moda comiendo comida basura, pero teniendo la incómoda sensación de que te falta algo.
Recuerda aquella noche mientras tomabas café y arreglabas el mundo con unos amigos. Recuerda el primer beso, el cabello de aquella chica, cómo ardieron tus labios al tocarla. ¿cuánto tiempo duró la emoción del momento? Recuerda la playa donde aprendiste a nadar, la heladería de los cucuruchos de chocolate, el tacto de tu osito de peluche. Cierra los ojos y sonríe. Y por un momento, te olvidas de la lluvia, de mí por haber escrito esto, de tu suerte, de la pierna rota o de la cárcel de Tailandia. Y eres feliz.
· El final del camino
¿Dónde está la luz al final del túnel? ¿Cuándo encuentra un buscador lo que busca? El buscador sabe cuando encuentra la verdad. Algo dentro de sí mismo se lo dice. Y si no lo encuentra, hasta el último momento antes de morir, el buscador, agonizando en su cama, hará por sonreír aunque no pueda, y se dará cuenta de que su vida no ha sido en balde.
¿Acaso las flores que has visto por el camino, el sol que ha madurado tu piel, la luna que ha adornado tus sueños, la gente en la que has encontrado un tesoro, no eran verdad? ¿El murmullo de un riachuelo, el zumbido de las abejas, la lluvia cálida, la tierra sangrante, eran mentira? ¿El crepitar del fuego, el canto de los pájaros, la noche estrellada, eran un sueño?
Seguirás caminando pues, porque la vida es un camino. No encontrarás más verdad en un palacio de Camboya o en una aldea zulú que en la panadería que hay debajo de tu casa. Sólo hay que saber buscarla.
· Post Scriptum
¿Y si durmieras? ¿Y si en tu sueño soñaras? ¿Y si soñaras que ibas al cielo y allí recogías una extraña y hermosa flor? ¿Y si, cuando despertaras, tuvieras la flor en tu mano? ¿Entonces, qué?


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