domingo, 20 de enero de 2008

a modo de exordio

Los días siguen corriendo en este nuevo año. Y ya aparece, recortada, la figura de los Andes chilenos en mi horizonte. Al Este, baña sus playas el Océano Pacífico. Al Norte, las áridas dunas de Atacama. Al Sur, los eternos fiordos de Tierra de Fuego. Al Este, la imponente sombra de los Andes. Y en el centro, descansa Santiago, cuna de poetas y de revolución. Silvio bautizó Santiago como “una ciudad acorralada por símbolos de invierno”, y las letras de Ismael Serrano invitan a “carretear” por su fértil Alameda. Neruda dijo que “quien no conoce los bosques de Chile, no conoce este planeta”. Y desde las cumbres del alto de Aconcagua, el cóndor andino vigila, sigiloso, el paso del tiempo.

Bien podría Borges, hijo de una tierra hermana, la Argentina de la infinita pampa, recordarme con su voz ciega: “Todo eso te fue dado”. Pero este poema siempre me trajo un deje de amargor. Me recuerda que "Has gastado los años y te han gastado,Y todavía no has escrito el poema."

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