martes, 6 de enero de 2009

29/12/2008 - y se armó un buen truco

11:38

Purmamarca es un pueblo tomado por los viajeros. En sus calles transitan decenas de personas con sus mochilas a la espalda. Juegan al truco en las cafeterías, o comen sentados debajo de cualquier arco. La vida se vive a otro ritmo, el reloj -donde lo hay- está detenido o nadie lo mira. Purmamarca es un pueblito de calles sin adoquinar, rodeado por toda una serie de colinas multicolor. Lo llaman la montaña de los siete colores.


13:18

Demasiado bueno. Tomando un descanso en una cafetería de Purmamarca, poco a poco se fue llenando de viajeros que, viniendo de todas partes y yendo a cualquier parte, empezamos a relatarnos los curriculum nómadas. Entre consejos, recomendaciones e intercambio de experiencias, se armó un truco. Bruno, rosarino; Tomás, porteño; Natalia, cordobesa; y yo, el español, el gallego. Las mesas de alrededor poco a poco también se fueron calentando, y nuevos trucos, algún chinchón o hasta la brisca empezaron a dar un aire de timba al local.

Compartiendo un mate y unas risas, llegó y se fue mi bus. Corriendo por las calles embarradas tuve que ir a detenerlo, y acá dentro estoy ahora, arrepintiéndome un poco de no haberme quedado más tiempo y haber dejado que perdiera el bus.

También ayer tuve un encuentro maravilloso. Conocí en un ciber a Antonio y Estefi, una pareja española que vive actualmente en Buenos Aires. Desde el principio nos estuvimos simpáticos, y decidimos ir a cenar juntos. En el bar un grupo tocaba músicas del norte, y cuando la noche fue pasando y ya la botella de ron tocó la mesa, empezó la verdadera fiesta.

Acabamos en casa de uno de los músicos, compartiendo un damajuana de vino y chupitos de picor de durazno en el tapón de la botella. Resultado: abrazos de amistad y alguna vomitona. También me hubiera gustado quedarme un tiempito más.

Para cerrar el círculo de encuentros memorables, hoy en el bus de Humahuaca a Purmamarca conocí a Mirek, un checo de sesentaycinco años que comenzó su vida nómada al huir del comunismo con diecisiete años. En inglés fuimos compartiendo historias y experiencias, un análisis de la Cuba castrista, y algo más. También me he planteado seguir en el bus hasta Jujuy para continuar la charla.

Tres encuentros, tres historias, tres bellos recuerdos más en la mochila. En los tres me hubiera gustado detenerme más tiempo. Pero como siempre, Ismael sigue navegando.

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