Hoy se vuelven a España dos de mis mejores amigas acá en Santiago. Y a la vez, para hacerlo aún más difícil de llevar.
Esto no deja de recordarme que realmente somos gente enferma, aferrados a esta vida de encuentros y desencuentros: la vida de la intensidad de lo fugaz, de la llama que de tan breve abrasa, por condensada. Pero es la vida que para bien o para mal hemos elegido. La rueda da un nuevo giro e Ismael sigue navegando.
Pronto seré yo quien me vaya de esta ciudad, dejando atrás la que fue mi-primera-casa-fuera-de-mi-casa, el que fue mi primer trabajo, dejando atrás Chile, toda esta Latinoamérica que a partir de hoy me dolerá un poco más. A la rueda rueda, la vida sigue girando.
Estoy triste. Y compartir la tristeza nunca me ha parecido deshonesto. Es un sentimiento que nace y muere en uno, que no provoca rechazo ni admiración (hadmiración), quizá una tenue lástima que se olvida apenas perdemos de vista al apesadumbrado.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, que decía el poeta.
Esto no deja de recordarme que realmente somos gente enferma, aferrados a esta vida de encuentros y desencuentros: la vida de la intensidad de lo fugaz, de la llama que de tan breve abrasa, por condensada. Pero es la vida que para bien o para mal hemos elegido. La rueda da un nuevo giro e Ismael sigue navegando.
Pronto seré yo quien me vaya de esta ciudad, dejando atrás la que fue mi-primera-casa-fuera-de-mi-casa, el que fue mi primer trabajo, dejando atrás Chile, toda esta Latinoamérica que a partir de hoy me dolerá un poco más. A la rueda rueda, la vida sigue girando.
Estoy triste. Y compartir la tristeza nunca me ha parecido deshonesto. Es un sentimiento que nace y muere en uno, que no provoca rechazo ni admiración (hadmiración), quizá una tenue lástima que se olvida apenas perdemos de vista al apesadumbrado.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, que decía el poeta.


1 comentario:
Siempre se puede (casi siempre se puede) mirar el vaso medio lleno.
Si no fuera porque nos despedimos de unos, no podríamos dar la bienvenida a otros.
Imagínate el infierno, id est, que uno tuviera que seguir manteniendo relación con todos los conocidos, todos los amigos, todas las novias y novietas que ha ido acumulando en su torcida errabundia por la vida. ¡Todas las suegras!
Las despedidas son -haz caso a tu aforista hermano- el mejor tónico contra la misantropía.
Todo tiempo pasado fue -lo sabía Castel- peor. ¡Y arriba ese ánimo, diantre!
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