He estado al alcance de todos los bolsillos, porque no cuesta nada mirarse para dentro.
Creo que ésta es la primera entrada que escribo sin tener una mínima idea de lo que quiero escribir, y es que realmente no quiero escribir sobre nada, simplemente quería teclear algunas líneas, aquí, al final de tantas cosas. Pronto empieza una nueva etapa y, como mencioné hace meses, se perfila como la primera de las etapas del fin de las dilaciones.
De las paredes de mi cuarto en Chile penden frases que me gustan, frases que para mí han querido o aún quieren significar algo. En la mayoría de ellas van apareciendo ya frases, guiños, recuerdos y abrazos de los amigos. Juan y Jesús piden conmigo la voz y la palabra, muchos se unen a la guerra del quiero contra el puedo, y otros tantos me recuerdan que se hace camino al andar. A Jessi le duele Latinoamérica, a Patri el viento que no nos acerca a puerto alguno si no conocemos nuestro rumbo. Y Jorge me acompaña al gritar que caminando fuimos lo que somos.
Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.
Me he acostumbrado a vivir con una inacabable ansiedad dentro del pecho. Unos dicen que aquí, otros dicen que allá, y sólo quiero reír, sólo quiero cantar. ¿Dónde estaremos dentro de quince años? ¿Qué quedará del que hoy teclea estas líneas? ¿Qué quedará de ti, de mí, de nosotros dos, de todo aquello que un día como hoy nos unió y te hizo leer estas líneas con excitación? ¿Seremos sólo unas sombras que danzan en la irrealidad del recuerdo, en una foto en gastado papel amarillo? Seremos esa película que compartimos, esas líneas que a media luz te di a conocer, esos poemas de Sabines leídos a las cinco de la mañana con un ron en la mano entre el humo de un cigarro, seremos esas bragas con cerezas tumbadas al pie de mi cama, seremos Londres-Madrid-Roma-París-Santiago y todos los demás viajes que compartimos, seremos los desencuentros que nos recuerden el que aquel día tuvimos.
El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando: resultabas ser tú. Una esponja sin dueño, un silbido buscando: resultaba ser yo.


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