Lo terrible de la saudade es que gusta de atacarte cuando menos te la esperas. Estás tranquilamente sentado en el diván de tu casa, escuchando la trompeta de Baker o el piano de Monk, y de repente empieza a rascarte con su uña fría, rac-rac-rac. O más mundano aún, estás comiendo unos spaghetti alla carbonara, y de repente en un trocito de jamón que cae sobre la mesa te vuelve el olor de ella, o su forma de apoyar los codos en el borde de la mesa.Hoy me atacó al pasar delante de un negocio de antigüedades. En el fondo del escaparate me estaba esperando un viejo tocadiscos, bastante parecido al que ilustra la fotografía. Su calma espera me recordo la derrota de aquellos que saben que su tiempo ya ha pasado, pero abrazan esta atemporalidad como una postrera recompensa por los años que ocuparon la primera fila de combate. Como nuestros mayores, que sabiéndose condenados al polvo y al olvido, pueden consagrarse a una vida de contemplación y espera de lo inevitable.
En esa calma espera creí encontrar la respuesta a muchas cosas, y deseé llevarme esa sensación, que no ya el objeto en sí, al salón de mi casa, y ofrecerle en sacrificio algunos vinilos cada cierto tiempo, en un homenaje callado a lo que me hizo sentir un día, observándolo desde la otra parte de esa sucia vitrina. Pero esa calma aparente habría de esperar, pues ¿cómo devolver luego tan especial objeto al abandono y al olvido? Y aquí volví a sentir esa comezón en la nuca, y ese rac-rac-rac que me acompaña desde hace ya harto.
Hoy me he sentido un poco más cansado. Un poco más agotado de estas vidas con fecha de caducidad, de estos éxodos voluntarios que te obligan a pasar de puntillas por océanos, tierras y mujeres. Hoy me pesó un poco no poder colgar en mi cuarto ciertos cuadros de Mondrian, o de Klimt, no poder plantar un tronco brasileño en la terraza, o no poder disfrutar de las notas de un tocadiscos cansado puede que hasta ya de sí mismo. Me pesó esta frugalidad, este tener que desprenderme luego de ellos tras once meses cuando ya la relación empiece a ser íntima, cuando ya nos tuteemos.
Porque los primeros meses son un impasse mientras se van concretando los "y sis", porque los últimos son un anticipo de lo que ya no volverá y todo se vive con esa terrible sensación del "ya pa' qué", hoy me sentí un poco más cansado de todo esto. Como hace menos de veinticuatro horas precisamente estos mismos argumentos me reconfortaban. Supongo que será la eterna atracción de los contrarios, la vida como un enfrentamiento entre dicotomías mientras habitamos el más gris de los términos medios.
O será sólo que ese tocadiscos era una maravilla...


3 comentarios:
Ay, la saudade, la saudade. A mí también me suele atacar cuando escucho a Monk, ¿sabes? Sólo que en vez de rascarme la cabeza con un rac-rac-rac, me pincha el costado un poquito así: chin-chin-chin, como el cuchillo de "Psicosis" pero en flojito.
Y la sensación del "ya pa qué", "pa qué" te voy a contar... Cuando uno siente profundamente esa "transitoriedad", resulta dificil a veces no caer en la renuncia. Sin embargo, no sé, "pasar" por sentir que estás de paso es una forma un poco aburrida de pasar y si uno se descuida puede acabar siendo un "Sadman", así que casi mejor vivir como si te fueras a quedar y ya llorará uno (o le lloraran) en la partida ¿no?
Me gusta mucho lo que escribes.
Un cordial saludo,
Blue
Blue,
por sus líneas me parece adivinar que usted y yo hemos habitado más lugares comunes que los de la ya ajada saudade...
Pero por favor, no se me vaya a preocupar porque acabe convertido en un Sadman. Sabe que, como todo escaparate, el mundo del blog no deja de ser como un gran teatro del mundo. Así pues, celebremos esta transitoriedad con la misma determinación con que celebraremos el sedentarismo que, mal que nos pese y conforme sequimos sumando primaveras, más cerquita se le ve acechando, allá agazapadito, tras ese seto.
Un beso.
No le digo que no hayamos coincidido en otra morada virtual; ya sabe que el mundo blogosférico es un pañuelo aún más pequeño. ;)
Le seguiré visitando sin hacer mucho ruido.
(Y discúlpeme el inicial tuteo: fue sin querer queriendo).
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