miércoles, 23 de septiembre de 2009

animales sociales

Hacía tiempo que no me ocurría algo como lo de ayer, y había olvidado lo estimulante que era. Estaba con algunos amigos de la ciudad tomando una cerveza, y uno de ellos nos invitó a acompañarlo a una plaza donde lo esperaban otro grupo de amigos suyos. Con la poca esperanza que genera entrar en un grupo nuevo de más de tres personas, en los que es casi imposible cruzar más de cuatro palabras con cada uno, acabamos sentados todos alrededor de una mesa mastodóntica donde se mezclaban extranjeros, desconocidos, conocidos, y algunos pocos amigos cruzados, y como era esperable se crearon subgrupos de gente conocida entre sí. Sin embargo, cuando aquellos que me eran "más cercanos" se marcharon, decidí quedarme apurando un último refresco, pues la noche era agradable y el elevado número del grupo me facilitaba sumergirme en mí mismo si así lo necesitaba.

La sorpresa fue mayúscula al comenzar a hablar con un chico que llevaba toda la noche sentado a mi lado, y en el cual apenas había reparado antes (salvo porque, seamos honestos, iba acompañado de una chica bastante mona). Ahora no recuerdo cómo inició la conversación ni cómo fue derivando la misma hacia otros temas. La cosa es que tras poco más de quince minutos estábamos hablando de temas que para mí tienen gran interés. En la medida en que él era biólogo, la conversación se centró mucho en la naturaleza del hombre y sus actos, en la psicología y la genética, y bueno, también fue derivando hacia temas más filosóficos como la búsqueda de la felicidad (con una muy interesante y a ratos brillante exposición sobre qué es la felicidad y su repercusión en el sistema orgánico del ser humano).

No estoy aquí para hacer un resumen de aquellas conclusiones a las que llegamos, o de las ideas que el uno fue germinando en el otro, para su posterior repensado y maceración en casa. Sólo quería decir que fue estimulante encontrar a alguien nuevo, y poder compartir a decentes niveles de profundidad (o al menos más allá de los lugares comunes) impresiones sobre temas en los que no siempre es fácil encontrar interlocutores.

2 comentarios:

Francisco Sianes dijo...

Pues ya podrías recurrir a tu hermano mayor para interlocutar, que estás más perdío que un mono en una relojería. :-)

Cuentista dijo...

haz caso a tu hermano, los lazos familiares son los unicos que se mantendrán de por vida. Gracias por este guiño. He de decir que para mí fue muy agradable aquella noche de verano en la que me acompañaba la emperatriz del platonismo. No es frecuente tener esos buenos ratos tan espontáneos, más tratándose de desconocidos. Nos debemos unas birras eh?