lunes, 11 de mayo de 2009

días de blog

Hay días que parecen pensados para escribir en un blog, o en un cuaderno de notas, o en una hoja en blanco destinado siempre a la misma persona, que se acumula en el cajón de cartas nunca expeditas. Hay días en los que te gustaría sacarte los ojos y exprimirlos como dos limones cuajados, llorarlos con tanta fuerza hasta que corran ríos de lágrimas por las calles de la ciudad. Y no es que intentes una vez más ser esa hormiguita que a través de su blog, de su cuaderno o de su hoja intenta agrandar su figura con improvisada lupa (ya que, en función del ángulo, la lupa puede agrandar una imagen o quemarla), es sólo que realmente hay algo por dentro que lucha por salir a la superficie. En esos días las entradas son honestas, son para ti. Son esos días en que algo pesa en la garganta, los párpados parecen más espesos, las nubes están más bajas y los sonidos llegan como amortiguados.

Esos días de blog ya he aprendido a reconocerlos, e incluso a amarlos (quizá no aún a desearlos). Hay que intentar gozárselos en la medida de lo posible: nos recuerdan que estamos vivos y que somos capaces de sentir de mil maneras distintas. Y no es poesía ni amaneramiento, es la constatación de la crisálida que llevamos dentro.

En estos días, he de admitirlo sin tapujos, me gustaría estar enamorado (en el sentido clásico de la palabra).

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