Cortázar ha muerto. Viva Cortázar.Hoy se cumplen veinticinco años de la muerte de un mago de las letras. Julio Cortázar nació y vivió a caballo entre dos mundos. París, y Buenos Aires. Jazz, y tango. Europa, y Latinoamérica. Si uno lo vio nacer, otro lo vio morir. Cuando en uno se atrevía a aseverar, el otro lo veía dubitar. Y así se movió este coloso de casi dos metros y erre arrastrada que hasta el día de su muerte gozó de una salud inquebrantable.
En sus libros nos legó todas sus inquietudes, sus dicotomías, las incertezas que pueden conducir a alguna verdad pero en cuyo camino es fácil extraviarse. Nos dejó un mundo de personajes cotidianos pero inverosímiles. El improbable Gregorovius de Rayuela, el astral Persio de Los Premios, sus Cronopios y Famas danzando por un mundo tan parecido al nuestro, por no entrar en los lugares comunes de Oliveira, Morelli o La Maga. El propio Cortázar fue uno de sus personajes -de esos de carne y hueso pero difícilmente reconocibles en la monotonía del día a día- en Los autonautas de la cosmopista.
Hablar de Cortázar es hablar de literatura con mayúsculas, pero también de vida, de compromiso, de intimidad. Conocida es su extrema timidez y la distancia que intentaba tomar con un mundo que no estaba preparado aún para recibirlo.
Ahora, a veinticinco años de su muerte, cuando por fin alcanzó el reconocimiento que nunca quiso ni pretendió, quería dedicarle unas sencillas líneas para agradecerle todo lo que me ha dado.
Que tus líneas me acompañen por muchos años más.


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