lunes, 10 de noviembre de 2008

días grises

Hoy me he levantado en uno de esos días grises. Esos días en los que desde que te levantas, o aún antes, cuando a las cuatro de la madrugada te despiertas para ir a mear, ya estás pensando "hoy va a ser un día de mierda". Parece que los brazos te pesaran quince kilos cada uno, como si la gravedad se hubiera levantado ella también con ganas de joderte el día, y te pesan los mofletes, te pesan los párpados, los labios y hasta el alma, pero no te pesan de cansancio, al menos no de cansancio físico. Es algo más, algo mucho más allá: es otro jodido día gris.

Te vistes de cualquier manera, te miras al espejo y te avergüenzas de tu propia cara de molido. La barba de tres días, los pelos que se rebelan a amoldarse y cada uno toma una dirección, unas ojeras que para llevarlas te hace falta una carretilla... Parece que todas las partes de tu cuerpo se quieran sumar a la fiesta... Sales a la calle y hasta saludar al conserje se te hace un mundo: "buenos días!". Buenos-días-buenos-días-buenos-días ¿Buenos días? ¿Se puede saber qué tiene exactamente de bueno este día? Y luego, ¿por qué coño se utiliza el plural al saludar? Parece como si quisieran recordarnos que por delante nos queda no sólo este día gris, sino la incontable suma de días hasta que llegue el tiempo con su guadaña y ya no haya días, ni buenos ni malos ni grises.

Camino del trabajo pareces un zombi. El sol te quema los ojos, los coches se han empeñado en hacer un ruido infernal y en saltarse los semáforos justo cuando te estabas animando a cruzarlo. Un niño te pisa por descuido, otro te golpea con su maleta atiborrada de libros, y las tías buenas que van al trabajo embutidas en minifaldas negras te miran con desdén.

Llegas al trabajo, abres el correo, y te encuentras la respuesta de cualquier incopetente con un cargo que se permite leerte las cuarenta. Te dispones a cagarte en su puta madre cuando se te pasa por la cabeza que igual él también estaba teniendo un día gris de mierda, y de repente te sientes hermanado, y hasta conectado, con ese ridículo ser. Para relajarte lees las noticias de El País, y ahí ya sí que la has cagado: "licencia para atacar a Al Qaeda", "dos coches bombas y un suicida causan 25 muertos en Bagdad" "Melilla sufre una nueva avalancha" (de inmigrantes, imaginas), "ocho muertos a balazos en 24 horas en el Norte de México". Bien, ahora no sólo te sientes una mierda por tener tu enésimo día gris, sino que te sientes aún peor por sentirte una mierda cuando todo el mundo se está yendo al carajo. La última noticia no puede dejar de recordarte a Bolaño. Hay mucha gente que no soporta los libros de Bolaño. Yo creo que es porque te presentan la realidad de una forma tan descarnada (asesinatos, violaciones, pobreza, crueldad, soledad), tan cercana al fin y al cabo, que preferimos seguir leyendo la violencia poética o la pobreza estadística, pues la fuerza de la costumbre ya ha maquillado los efectos que causan sobre nosotros.

Te bajas a desayunar y ya no tienes ni fuerzas para defender tus ideas. Tu jefe te avasalla con el discurso de que la única manera de ayudar a los pobres es dejar que los ricos sigan forrándose, que algunas migajas le caerán a los pobres. En fin, que si la pobreza se ha reducido en un 20%, que si patatín y patatán y tú sólo pensando "mi reino por un día de vacaciones". Al reloj parece que le pesa el culo. Los minutos se hacen eternos y las horas directamente inacabables. Un nuevo puto día gris. Habrá que echarlo para atrás como sea...

1 comentario:

jcabemun dijo...

En fin tio, en el fondo sabes que la barba de tres días siempre mola, la cosa es explotarla